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Decálogo diario.-

"... y vimos tranquilos el sol caer".
La 25, "Salve Rock"

1.- Levántate quince minutos antes de lo habitual. Lee cada día una -y sólo una-  de las "Cartas a Lucilio" de Séneca. Han sido escritas hace dos mil años. No importa, parecen hacer sido escritas ayer por la noche. Te serán sumamente útiles en tu Vida cotidiana. Medita unos minutos sobre ella.
2.- Corre diez kilómetros (sábados y domingos tendrás resaca; no lo hagas).
3.- Dedica unos minutos antes de la ducha a cuidar tu barba. Si decides lucirla estrafalaria y diferente, te alabo el gusto. La barba te afea y te echa años encima; no importa. Forma parte de ti. Es una cuestión de elección personal.
4.- Escucha a toda hostia una canción de los Rolling. Toca un rato la guitarra.
5.- Ve a casa de tus padres. Abrázalos.
6.- Juega unos minutos con un gato pequeño.
7.- Al atardecer, tómate una cerveza -muy despacio- mientras ves desaparecer por el horizonte los últimos rayos de luz. Vierte lentamente la cerveza que irás sorbiendo disfrutanto cada trago. Pon especial atención a que quede una espuma consistente y duradera. En el momento exacto en que se oculta el sol deberás estar escuchando el Segundo Movimiento del Concierto nº 1 para Piano y Orquesta de Chopin. Por supuesto, interpretado por Rubinstein. El director no importa tanto.
8.- Echa un buen polvo con la mujer más guapa de los alrededores. Improvisa cada día, sé sucio y obsceno. Deja lo del sabadete para los matrimonios. 
9.- Al anochecer, baja al bar de la esquina. Echa una partida al pinball; pueden ser dos dependiendo de las ganas. Y vuelve a casa en seguida, que te conozco. 
10.- Lee un rato a Kierkegaard. Recuerda que un día morirás y que mañana podría ser tu último día. Si crees que está bien así, repítase el mismo día. Si no ...






Abstenerse comeyogures, lectores de bestsellers y socios del FNAC.

                               "El mito de Sísifo" (1942)  y mis pinreles.-



"But there's a warning sign on the road ahead /
Pero hay una señal de peligro carretera adelante".
Neil Young, "Keep on rockin' in the free world".

Lo primero es tener cojones -o suficiente lucidez- para aceptar lo absurdo de la Vida. Seamos honestos con nosotros mismos. Hablamos de un niño con tumor a los siete años, de una leucemia fulminante a los treinta y cinco o de ese puto camión a la salida de una curva. Es que no lo ví. No somos nada y todo eso. De ver morir a tus seres queridos o de ver que el esfuerzo de décadas no vale un carajo. Hablamos de estar en una silla de ruedas babeando y haciendo ruiditos raros mientras moqueas.. groc, groc...Si te has ido librando de toda esa mierda, al final, te mueres. Bueno, no, tú no, que eres especial y has nacido con una flor en el culo. Así que los pensadores se devanan los sesos sobre cuestiones metafísicas y teológicas. Los contrincantes: el paso del tiempo, el mundo, los otros y la muerte. En épocas decimonónicas, el culmen de todo era aquello de si Dios no existe, todo está permitido -que decía Dostoyevski. Y no os engañéis que no era un grito liberador, ni emancipaba al hombre de nada sino que nos sumergía en la gran putada porque: o bien no somos libres y siendo Dios todopoderoso es responsable del mal o bien somos libres, por ello responsables y Dios no existe. Lo dicho, una gran putada lo mires como lo mires. Toda la patrística, toda la escolástica de siglos o todo el idealismo hegeliano más reciente y civilizado no ha añadido media mierda a esta incógnita. Claro que siempre puedes anestesiarte para no pensar demasiado: criar unos niños preciosos y lozanos o dedicarte a tu brillante carrera profesional -es un joven muy prometedor-. Pero he aquí que los existencialistas le dan otro punto a la cuestión, como el nitrógeno y eso en la cocina modernuki. Empezando con Kierkegaard. Amén, en pie, saluden. Te puedes leer a Heidegger, Jaspers, a Nietzsche (existencialista aunque él no lo sabía) o a Gabriel Marcel (un tipo majo éste último, demasiado cristiano, quizás). Llevo un año leyendo casi todo de estos andobas. Pero nada hay, a modo de síntesis de esta historia -además de Kierkegaard, claro- como Albert Camus. Por su profundidad y sencillez. Apto para (casi) todos los públicos. Porque él avanza, da un paso con inteligencia y pelotas. Literatura de combate, como la de Sábato, con quien charlé una vez que jamás olvidaré. Da un paso más en eso de ser humano con todas sus consecuencias. Bueno, en el Club de la Lucha, también Tyler Durden lo hace bien cuando dice eso de que si no interiorizas que vas a morir algún día, tu Vida estará siendo inútil hasta ese preciso momento. Por ahí van los tiros. Así que el amigo Albert te habla no de trasnochadas cuestiones metafísicas sino puramente morales, prácticas, cotidianas. Y así llega a la primera, última y única pregunta que merece la pena hacerse: ¿la Vida vale la pena? Esto es como decir que la única cuestión filosófica que importa es el suicidio. A partir de ahora los lectores del Marca se pueden retirar o poner Tele 5 porque entramos en aguas tan profundas como evidentes, lúcidas y obvias por obra y gracia del viejo Albert. Claro que antes de llegarnos a esa pregunta nos engañamos con las ilusiones de libertad: el judo de los niños, las facturas del ADSL, las vacaciones todo incluido con pulserita amarilla, la tele pagada a plazos o cualquier baratija que se os ocurra. De hecho, la mayor parte de la gente no se pregunta qué coño hay más allá de eso. Pero, cuando uno llega a la noción del Absurdo, todo se desquicia. Claro que antes están los ansiolíticos, los regalitos de spa de relax fin de semana, la ilusión de casarte de blanco, los talleres de tai-chi del ayuntamiento, mi marido no me comprende y el psicoanálisis, bla, bla, bla... Lo de siempre. Así que cuando por fin te atreves a mirar a la Vida cara a cara te quedan pocas alternativas serias: volarte la cabeza o aceptar ese Absurdo. Disfrutar del Absurdo. Así que en primer lugar optas por la REBELIÓN. Rebelión del propio pensamiento, rebelión interior y filosófica, tomar postura ante la Vida. Como dice Camus, "esa rebelión es la seguridad de un destino aplastante (vaya si lo es, añado yo), menos la resignación que debería acompañarla". Ya sólo esta frase merece el Nobel que te dieron, Albert. Rebelión de la desesperación, rebelión metafísica. No clickear ¿cliquear?... hacer click, copón, en Facebook en solidaridad por una causa guay -pero me temo que tenemos conciencias demasiado fáciles de calmar-. Es decir, una rebelión tal a pesar de saber que la lucha está perdida no te lleva ni al lloriqueo ni a eludir la pelea vital. Olé. Magistral. Para eso, apunta Camus, lo primero es tener CONCIENCIA de uno mismo, del mundo y de la Vida. Pero no contento con eso, añade que precisamente esa rebelión existencial es lo que hace al hombre vivir en LIBERTAD, incluso en las condiciones más oprobiosas y deleznables. Como colofón final, sigue Camus, esto nos conducirá a la PASIÓN por estar vivos durante un tiempo aunque sea limitado, la pasión por el mero hecho de haber nacido hombres, por el simple hecho de existir. Después, ya vendrá el Arte, la Acción, el Pensamiento, la Creación, echar unos polvetes, ... Mañana espero que te despidas de ese trabajo de mierda. Espero que la llames y le digas que la amas. Espero que cada día te despiertas con una puta sonrisa. Espero todo y no espero nada. Espero que leas a Camus y cambie un milímetro tu forma de entender la Vida. Ahora yo me levanto y me pillo una Heineken del frigo. Salud. Hale.




Tren.


Don't look back in anger, I heard you say... /
No mires atrás con ira, te oí decir...
Oasis "Don't look back in anger"

No se recuerda cómo empieza una buena conversación. Tommy, cincuentón, cuerpo de marinero, ojos de niño, alma de loco. De Nueva York a un vagón de la España del ferrocarril caro, moderno y eficaz. También tacaño, cutre y corrupto... cien muertos en Galicia, claro. Ya no llevamos gallinas y chorizos, sino iPads y portátiles pero dudo que seamos más felices. Ahora nos desplazamos, no viajamos. Tenemos auriculares, no conversaciones. Así que Tommy y yo nos encontramos de pie entre dos vagones y, a veces en castellano y a veces en inglés, empezamos a hablar de lo que hablan dos hombres cuando se conocen: de futbolistas. Así que en menos que canta una gallo por ahí desfilan los nombres de nuestro equipo favorito: Dos Passos, Hemingway, Faulkner, Thoreau, Scott Fitzgerald, John Fante, Steinbeck, Whitman, Sinclair Lewis y Henry James y, claro, cuando llegamos a Henry Miller ya es mi amigo de toda la Vida. Me dice Tommy que se siente como jugando en casa, feliz de poder charlar de libricos. Es cierto también que cualquiera que adore a Miller es mi amigo de toda y para toda la Vida. Podría regalarle la mitad de mis activos si me lo pidiera, al instante. Sólo comparable a un tipo que ame a Keith Richards o así.  Claro que los lingotazos a morro de un frasco lleno de vinazo del Duero ayudan al acercamiento fraternal. El vinorro es bueno, cuidao. El amigo Tommy te invita a beber y nunca, nunca, nunca debes rechazar el trago que te ofrece otro hombre. Bajo ninguna circunstancia. Aunque venga en un frasco de cristal que trae ufano tras ir a buscarlo a su asiento. Luego ya desfilará un buen queso curado, también de Tommy, que vamos cortando con una navaja de las de antes, también de Tommy. Está orgulloso de ella porque es de de acero toledano y tiene cachas de buena madera. Huelga decir de quién son los picatostes para pasar el queso. Y es que Tommy es un viajero de esos que ya no quedan. Con hambre de mundo, ganas de conversar, experiencia de la Vida y disposición a compartir lo que haya. Basta con esas cuatro cosas para ir hasta el fin del mundo. Los viajeros -debería decir desplazantes, que no existe- que pasan entre vagones nos miran inquietos o envidiosos, vaya usted a saber. Los primeros viajeros del vagón que escuchan nuestra conversación nos miran raro. Quizás no conozcan a nuestros futbolistas o quizás no esperan que dos tipos desconocidos hasta hace apenas unos minutos mantengan una hilarante conversación sobre las esencias más nutricias de la Vida, es decir, mujeres y libros, básicamente. Es posible que estemos elevando demasiado la voz, puede que se oigan nuestras risotadas. Qué coño importa, estos encuentros son pequeños milagros en la Vida de uno que hay que saber celebrar apropiadamente. Un tipo mal follao que no llega al bonus fin de año nos mira mal al pasar; váyase usted a tomar por el culo, caballero de corbata hortera, mamón de blackberry. Me he quedado con tu cara de chupaculos trajegris.  Bueno. Tommy me habla de muchas cosas. Me habla de su viaje en bici por Estados Unidos con su mujer. Sobre otras mujeres guapas que ha conocido, sobre los cafés de Nueva York. Sobre sus viajes y su barco. Sobre las playas de California en invierno.  Sobre su años en la India ayudando a recoger moribundos por las calles. Hay un velo de pena en los ojos de Tommy por el tiempo pasado mientras me habla de sus recuerdos incluso de los alegres. Lo llaman nostalgia a ese sentimiento. Y no es mala, sino humana. Los portugueses la llaman saudade, una de las palabras más bellas que conozco y más difíciles de traducir que no de sentir. Tommy ya no tiene aquella mujer ni aquella bici. Juraría que a Tommy también le falta algo de cordura, claro que también puede ser la marihuana que inhala en el baño del tren. Y digo inhalar porque tiene un artefacto que calienta la maría sin quemarla, apenas saca humo y calienta suficientemente la hierba para liberar el THC que es lo que te da la risica. Por cierto que me entra la risa tonta mientras me cuenta cómo un marido cabreado le perseguía pistola en mano mientras él escapaba desnudo por las calles de Nueva Orleans, en pleno Mardi Gras. Joder con el Tommy. Dice que no se puede conseguir el drogartilugio este en España. Es como una especie de funda de gafas moderna, metálica y con una lucecita verde/roja on/off o parecido. Coño, pues España era un país moderno hasta ayer. Manda cojones. Y así que las cuatro horas de viaje parecen media hora con un viejo amigo y muchas cosas que contarnos. Nos damos el email y el móvil y un abrazo y todo lo que tenemos a mano. Estamos ya un poco perjudicados los dos y nos tropezamos al bajar. Los ejecutivos miran escandalizados pero juraría que alguna tía nos ha mirado divertida y curiosa, y eso es lo más importante en definitiva. Cuando una mujer muestra alegría y curiosidad suele empezar lo interesante. En fin Tommy..., un placer,... lo más probable es que nunca nos volvamos a ver. Qué importa. Stay hungry, stay foolish, amigo Tommy. Vaya con Dios, como tú me dijiste en tu mal castellano.








A una hora en coche desde aquí.


"Loin des gens qui meurent sur les saisons /
Lejos de la gente que muere al ritmo de las estaciones".
A. Rimbaud, "Une saison en enfer".



Hoy me interno en lo Profundo.
Eterno, verde, frondoso, fresco.
Bosque inmisericorde con todo lo que no es bosque.
Como el Tiempo con todo lo que no es Vida.
En este otoño que  estrena marrones y ocres y naranjas. Hasta violetas que sólo mis ojos han visto.
El Silencio es aquí la ceremonia de lo Absoluto.
Detengo mis pasos e intento oír algo.
Nada -mi respiración apenas: eso es nada en este lugar-.
La civilización más cercana está a veinte kilómetros.
Estoy solo. Tan solo como nunca he podido sentirme.
A una hora en coche desde aquí la gente trabaja, se apresura, grita, desea.
A una hora en coche desde aquí la gente muere en hospitales con luz artificial.


                                                        Una gota de efímera belleza en el mar del tiempo...
Cuando vaya a morir, me internaré en este mismo bosque absolutorio y padre.
Será como regresar a casa.
Será una tarde cualquiera. 
Será una tarde como esta.

Y si no estoy, buscadme aquí. 

O mejor, no me busquéis.
















Interregno.

Niko se arrea las penas con medio gramo, 
cuarto y mitad de polvo de estrellas.
Niko camina por un pasillo rojo y sabe que hoy se avecina tormenta. 

Un ángel negro que sólo yo veo se apoya en la pared. 
Anillos de oro, botas de cuero.
Hace muchos siglos que se lavó las manos pero aún se quita la mierda de las uñas. 
La suciedad del mundo, la debilidad de la carne,
 los recuerdos tristes, las heridas abiertas.
Las posibilidades que no fueron.
Sé que es un ángel porque nunca parpadea,
 característica distintiva de los seres inmortales, 
como sabéis. 
Pequeños detalles que hay que saber mirar.
Y esa luz negra. 

Niko sale del baño, el alma le sangra por la nariz. 
Gota a gota.
  El ángel  se echa a un lado y se mira distraído la punta del pie. 
                                                                           Niko se tambalea.










El rock ha muerto. Viva el rock.

"... but it's all right now /
... pero está de puta madre todo ahora".
Jagger-Richards (- y se dice que) Wyman,   "Jumpin' Jack Flash".



Pues uno ha vivido muchos años en Barcelonas y Madriles... vale, ya sé el rollo de "pues a mí, Barcelona me gusta más", que suelen decir los provincianos que van de vez en cuando a ver musicales; otro día hablaremos de eso... Y la mitad de los fines de semana los paso todavía hoy en Barna, entre la Barceloneta, Gracia y el Raval. Ya sabéis, vermús y besos y librerías y madrugadas. Tan ricamente. Y claro, uno tiene querencia a mirar la agendilla de conciertos de rock cada vez que va. Sí, rocanrol, la música que ilumina la mitad más interesante de tu Vida. Es cierto que las buenas salas de rock siguen abiertas casi todas, hablamos de Razzmatazz, Bikini, el Apolo -una de las salas más bonitas de Europa-, Sidecar, la BeCool, Salamandra, el Rocksound, pequeñito pero matón... sin embargo, amiguitos... las cosas han ido cambiando... para mal, claro. Ahora ya no se programa rocanrol. Apenas hay un muy precario circuito para las bandas. Un circuito y una programación que sí existían hace tan sólo cinco años. ¿La crisis?¿Cambio de gustos en las nuevas generaciones?¿Los putos libros de autoayuda? En Londres el circuito goza aún de una aceptable salud; tengo un post por ahí al respecto. Permítaseme el toque essssssstupendo, que he estado hace poco allí. Y no me jodáis con la crisis que otras músicas chungas sí que hay. No hablo ya de ver a bandas estelares sino de esas pequeñas grandes bandas que deseabas ver en directo desde crío y tarde o temprano tocaban en Madrid o Barcelona, era cuestión de esperar. Un buen día aparecía programado ese grupo que valía su peso en oro, del que te sabías las letras y que exudaba autenticidad a mansalva. Ya no. También es cierto que el tiempo pasa para todos, las bandas se disuelven, algunos tipos tienen la costumbre (siempre mala) de morirse, etc... Así que ahora la programación la copan  los DJ's, que suelen ser tipos calvos con gafas grandes de sol y que mueven las manos -ahora se llaman "sesiones" ultrafashionwayupfreechillout y eso-, también abundan las bandas de gafapastas torturados porque sus novias (que suelen ser feas) dejan la puerta del frigo abierta, y eso debe de crearles una angustia vital importante, claro,... También se programan en esas salas musiquillos de "fusión", con melenitas rastas de buen rollito con música de buen rollito para gente con buen rollito... Pues a tomar por el culo el buen rollito.

                                                   Con Elliott Murphy, "Last of the rock stars...".-
Y es que el rocanrol, hermanas y hermanos, no te habla de paz y amor  ni de veranitos ni de puestas de sol en Ibiza; el buen rocanrol te da una patadas en los cojones, hace que un escalofrío te sacuda la médula espinal y te despierte al mundo, a la cruda y sublime existencia. El buen rocanrol no es un anuncio de cerveza en la playa. La buena música no es una jodida cáscara vacía. No es Operación Triunfo, no hablamos de  Eurovisión. El soul, el blues o el punk - toda música genuina- te hacen abrir los ojos atontados de concursos de tele, Orejas de Van Gogh, Sakiras, Saquiras, Shakiras, Macacos, Alejandros Sanz y demás ralea perniciosa... Te habla de mala baba, de rabia, de lo jodido que te sentías en un momento dado, de frustraciones varias, y también de pasarlo bien, de chicas y brindis, de noches de sábado visitando jardines prohibidos antes de que llegara el maldito lunes. Y de lucha y de pelea, insisto, de gente normal en bares normales, de perseverar buscando un sueño, de la fidelidad a uno mismo, de ser tú: de Actitud. Debe de ser el signo de este tiempo, atontarnos con frivolidades audiovisuales para no ver la puta realidad, con sus problemas y miserias. Con su belleza también. Así que seguiré apostando por esos decibelios de unos tipos con malas intenciones y peores pintas en oscuras salas con aromas a cerveza y mala hostia. Hasta el último día de mi Vida... mientras siga respirando. Mientras me queden ganas de salir por ahí, mientras me queden ganas de pensar lo que se supone que no debo pensar, de hacer lo que supone que no debo hacer y de estar en donde se supone que no debo estar.  Mientras me apetezca tocar las pelotas a algún biempensante: larga Vida al rocanrol.









Wu Wei a la hora del vermú.



Empezando / Acabando.


Al final todo deberían ser gerundios. Sin muchos detalles, sin demasiadas explicaciones, sin ninguna vocación formal. Ni pretensiones de quedar bien ni de ponerse estupendos. Leyendo a Harry Crews, llego a una frase que me impacta: "La reflexión y el conocimiento no conducen a nada. Sólo importa el Acto". Cuarenta putos años de mi Vida para darme cuenta de que vivir consiste exactamente en eso. Lo que has hecho y lo que no has hecho. Punto. Llámala ahora mismo, dile que es la mujer de tu Vida y que siempre lo será. Abraza a tu padre esta misma tarde. Un paseo en moto por las calles desiertas de madrugada. Hacer de la Vida un gerundio, un haciendo continuo y alejarse así de sofisticaciones y convencionalismos. Ni siquiera se necesita un porqué concreto. Pasamos el tiempo buscando sentido al pasado y planificando el futuro. Pensando, proyectando, interpretando cosas que no están aquí y ahora. El pasado fue y el futuro no es. Por eso digo que sólo importa la acción. El gerundio: follando, bebiendo, gritando, riendo, cantando. Viviendo. También podía ser: llorando, sufriendo y muriendo. Sintiendo. La mujer es un gerundio eterno del sentimiento; solemos llamarlo intuición. Por eso se nos hacen misteriosas a los hombres.


Poesiando.
Así que este post es sobre el hacer. Y sobre el no hacer, que a veces viene a ser lo mismo. Sobre el dolce far niente, sobre el wu-wei del Tao, sobre dejar que las cosas pasen sin actuar sobre ellas, a la hora del vermú por ejemplo, sobre los actos sencillos de la Vida, sobre el hacer cualquier cosa un día cualquiera en una ciudad cualquiera de un tipo cualquiera como yo. Un don nadie haciendo nada. Ni voluntad estética ni hostias. Un cacho de Vida cruda, una sucesión de acciones. Así que me meto en el Moll, pido una completa de la Casa y nos la zampamos en menos que canta un gallo, tras un reparto informal pero exhaustivo y justo finalmente. Por ahí andan las anchoas y los fritos. La cerveza y las aceitunas. Lo que más me gusta son los boquerones, en vinagre, claro. Los parroquianos echándose ya al coleto el primer gin-tonic de la tarde. Brindo con ellos con cava de la casa. Brindo con Ane por los puntos y las íes, por la caras y por las cruces, por los placeres y las heridas; por el Barça y por el Espanyol, mira... Por tiempos mejores y también peores. Por los polvos que echamos y porque un día moriremos y no quiero estar allí cuando ocurra que decía aquel. Por las caricias y los golpes secos que te pega este mundo. Por los hombres buenos y poetas malos que cuelgan poemas de los extintores de bar; brindamos por los ángeles que preferirían ser mortales, yo lo sé. Y saboreamos las gambas y los calamares mientras nos reímos de ti. Y le dejamos al Miquel una propina que te cagas porque siempre nos saca al final los licores especiales de la casa. Y hacemos todo eso porque nos apeteciendo que es gerundio.




Y siendo todo, nada más añadiendo.




Leo a Kierkegaard y bebo cerveza.



Esto y sólo esto es tu Vida.

"Tal vez todo aquel que no se abre a Kierkegaard, 
permanece hoy pobre e inconsciente".
Karl Jaspers.- 



Reúne todos tus libros, tus fotografías, tus discos, tus escritos. Tu ropa, tu cartera, tus zapatos. Todos tus recuerdos. Esas cartas tan bonitas. Tu patético iPhone de última generación, tu iPad. Tus papeles más valiosos. Papeluchos. El diploma aquel del que te sientes tan orgulloso. Llévalos a un descampado a las afueras de la ciudad. Compra diez o quince litros de gasolina. Puede que necesites veinte, puede que más. Quema todo el pack. Al anochecer. Hoy mismo. Hazlo solo. Mañana levántate con los primeros rayos de luz, mañana desayuna algo ligero y mañana no vayas a trabajar. A primera hora vete a una librería, espera pacientemente a que abran y consigue a cualquier precio "El concepto de la angustia" o "La enfermedad mortal". De Kierkegaard. Ambos. Paga dos o cuatro o nueve veces lo que valgan. Deja una generosa propina al librero. Puedes robarlo si no tienes dinero. No importa. Hoy es uno de los días más importantes de tu Vida. Celébralo de alguna manera extraña. Vuelve a tu casa y siéntate en tu silla preferida, que no sea demasiado cómoda. Todo va a ir bien. Relájate. Abre el libro, léelo, subráyalo, apréndelo y aprehéndelo. Puedes beber cerveza mientras lo lees. Sería un error poner música. Desconecta el teléfono. Deja de beber cerveza cuando creas que empiezas a entender en una primera lectura todo lo que Kierkegaard quiere decir. Nadie comprende a Kierkegaard a la primera. Cuando hayas acabado, podrás quemar el libro. Sólo si lo deseas. No hables con nadie sobre Kierkegaard. Si lo haces, pondrán cara bovina y se generará un silencio incómodo. Bastante incómodo. Es posible que ese silencio te provoque una sonrisa maligna. Te tomarán por un tipo raro. Vete. Pon tierra por medio. Puede que te sientas tremendamente solo. Te dará igual. Sólo hablarás de Kierkegaard con un teólogo que dude o, mejor, con un suicida a punto de saltar al abismo. Hay gente que ante un abismo decide lanzarse para ir construyéndose unas alas mientras cae: esa es exactamente el tipo de gente que debes buscar a partir de ahora. Aléjate de la gente que va a las rebajas de los centros comerciales. Aléjate de seres humanos que lean prensa deportiva. Puedes charlar sobre el viejo Soren con cualquier hombre que tenga los ojos inyectados en sangre. "Los que saben lo que es la Belleza y los que saben lo que es el Dolor" -que escribió Oscar Wilde. También podrías guardar el libro como tu libro de cabecera. También podrías tener el Eclesiastés o algo de Viktor Frankl o de Henry Miller, si lo has salvado de la quema antes, claro. 



Después - y sólo después de intuir que crees que te aproximas a lo que Kierkegaard quiere empezar a decir- podrás empezar  a vivir de nuevo. In puris naturalibus. Vivir la Vida, tu Vida; no un jodido, simplón, aburrido, inútil y patético simulacro de Vida como has hecho hasta ahora. El camuflaje de las responsabilidades, la familia o el qué dirán. Sabes de qué te hablo, los dos lo sabemos. Hasta ese momento, habrás estado perdiendo todo tu valioso tiempo en la Tierra. Porque tus días están contados. Eructa la cerveza, échate un sonoro cuesco si viene a cuento -ojo no vaya a ser un pedo pintor- y entrégate a la Infinitud después. No me llores tanto. No publiques chorradas en el Facebook. Espero haber sido suficientemente claro. Luego- y esto es lo más importante, lo único que debes entender- celebra la Vida: encuentra una chica, sal a bailar por ahí.

Sí... Diviértete. 





Mediterráneo.

                                           ... un AZUL a tumba abierta.


El Mediterráneo es sal en la piel y sandalias en la arena.
Sol rojo en el mar de la tarde y arroz negro como la pena negra.
Es sudor y semen y hogueras en la noche.
Joan Margarit y una muerta entre los juncos con cabello de algas.

El Mediterráneo es un cielo a pleno pulmón.

Una mirada en carne viva.
Un sombrero de paja y pinos viejos buscando abismos.
Unas manos ásperas mojadas de vino dulce.
Una siesta sin reloj con el alma desnuda, un azul a tumba abierta.
Acantilados calientes deseando mar.
Los ojos muertos de un pez poderoso, unos pies descalzos.

Y los faros son destellos en la noche que iluminan espumas negras.

Porque entender el Mediterráneo es morir y regresar unas horas a la Vida.

Y la luz, la luz... esa luz.









Guía urgente y (relativamente) canalla de Londres / 1ª Parte.




"Shake your hips, let it rip, let your spirit be free /
Mueve las caderas, déjalo suelto, deja a tu espíritu ser libre".
Primal Scream "Jailbird".-



Podría pasarme el resto de mis noches en tres o cuatro calles de Londres. Me sumergiría en sus garitos al atardecer - benditos ingleses que empiezan a beber tan pronto- y saldría al amanecer de algunos de esos tugurios, casi todos subterráneos con escaleras. Sé que Londres es grande, prácticamente inabarcable en toda una vida,  pero me conformo con ese puñado de calles del Soho (y alguna de Camden). Olvidad los garitos modernukis de mírameynometoques del resto del Soho, ya irás de compras estupendas mañana por el barrio -Carnaby Street-. Porque el Soho no deja de ser eso, un barrio relativamente pequeño en medio del West End. Pero ahora queremos sudar ¿no? La cosa empieza a las cinco de la tarde empinando el codo con una buena Red Stripe jamaicana de medio litro (mínimo), cerveza de batalla en el Crobar de Manette St. Sonará buen rocanrol a toda hostia por los bafles. Es una buena forma de calentar antes de bajar las escaleras del Borderline, justo al lado, para ver alguna banda en directo. Ahí tocan y han tocado todos los que son algo en este mundillo de decibelios y nocturnidad. Tómate un par de pintas (mínimo). Las bandas en esta ciudad tocan pronto, cosa de agradecer, porque después puedes alargar la noche todo lo que el cuerpo te permita. Habitualmente, a las 10 de la noche, los conciertos acaban, no empiezan. Cuando acaba el tema en el Borderline, cruzas Charing Cross y te pasas a Denmark St. Unos treinta segundos, dependiento del semáforo. Esa calle es el paraíso de los músicos, de día y de noche. De día, tiendas de guitarras eléctricas, los estudios Regent donde grabaron los Stones el primer disco o el café donde se formaron los Small Faces. En el número 6 vivieron unos tal Sex Pistols, angelicos. Dios salve a la reina. Por la noche, Dios bendiga a las salas pequeñitas de rock, el 12 Bar Club. Shot de ron obligado (mínimo). 


Cerveza, botas, cables y pedales de distorsión.
Escenario en el 12 Bar Club.

Es posible que llegues a tiempo para ver alguna banda tocar (o varias) en uno de los clubs más auténticos que aún quedan en pie. Justo en frente, una vez puesto el sello para entrar y salir, puedes ver una jam session de blues, por ejemplo, para quitarse el sombrero, en el Alleycat, debajo de los estudios de grabación utilizados también por los Kinks o Black Sabbath. Otra pinta (mínimo).  Total, que a lo tonto llevas ya cinco o seis horas bebiendo y oyendo música; música de verdad. Si a esas horas ya te apetece un complemento anímico no sintético, te mueves un poco hacia Frith Street y te tomas un expresso de cojones en el Bar Italia, abierto 24 horas y te parecerá que estás en el Sant'Eustachio de Roma mismamente. Tiene su historia el Bar Italia, hasta Pulp le dedicaron una canción. Si después aún tienes ganas de más, te vas al Madame JoJo's (mitad cabaret, mitad club de baile) de Brewer St. para escuchar el soul más puro del planeta (y no te metas en los clubs de chicas con luces rojas de al lado que te conozco, dicen que es fácil confundirse de madrugada). Sólo el mejor soul de los años sesenta. Un respeto para el JoJo's, dice la leyenda que aquí tocó por primera vez una tal David Jones pero no tuvo suerte hasta que más tarde cambió el apellido por... Bowie.  Ves una chica bailando sola con corpiño y botas hasta las rodillas. No es fácil bailar con una erección; con permiso, Anne. Lucecitas de colores que giran y giran. Hermanos negros trajeados que bailan como si follaran (y yo moviéndome como un puto ganso). Aunque si quieres música negra por y para negros vete a Brixton (y ándate con ojo). Y entre chupito y chupito (ya vamos a pares, como si no hubiera un mañana), empiezas a bailar y a sentir la pureza de la música negra. Bueno, Londres también tiene parques bonitos y un noria muy, muy grande al lado de un río. Pero hablando de madrugadas,...  aún queda Camden, más rudo... pero mejor para mañana por la noche. 



Respaldado por la historia en el Underworld.




Dándolo todo en Madame JoJo's a las tantas. 
Culpa del soul de los sesenta.

Autor: Radio Saigón



Eres un puto perdedor.


"La masa quiere clase".
Christopher Hitchens, "Amor, pobreza y guerra".
Edit. Debate, 2010.
"He decidido comportarme, 
sonreír a los idiotas, recibir  a las visitas, ...
he decido controlarme y callarme las verdades".
Ilegales, "He decidido comportarme".- 


Sinceramente creo que puedes hacer más. Tu cutis puedes estar más terso, tu cintura más delgada, tu piel más joven. Tu coche no es suficientemente deportivo, tenemos un nuevo modelo justo para ti. Hay una colonia más sugerente, atrévete a ser más salvaje. Follarás más. Tu bienestar no es suficiente, tienes que exigir más. Siempre más. No estás bien ¿lo notas?, tienes un complejo vitamínico más eficaz. Tus vacaciones no tienen por qué ser tan vulgares, hemos ampliado nuestras ofertas en el Caribe. Dixan lava más blanco. Tus gafas no están a la moda, tienes éstas más fashion, lo que tú te mereces. Tu banco no te trata suficientemente bien, nosotros somos más cercanos. Tu aspecto de pelo no es muy saludable, tienes este champú que te dará más brillo, qué matices. Y el inglés ¿qué te vamos a contar del inglés? Nuestro método es más intuitivo, aprenderás más rápido. No duermes bien de noche ¿verdad?, prueba nuestros tés, han germinado en las colinas de Chorrapina. No lo estás haciendo bien del todo, eso se nota. Tu compañía de móviles no es muy amable, la nuestra es más como una amiga. Es que tú eres importante para nosotros. Tu compañía de seguros, qué precios, la nuestra es más completa. Y más sencilla de contratar, no sé si lo he mencionado. Tu compañía de aviones es, por decirlo suavemente, una mierda,... mira, nosotros tenemos más rutas y azafatas con más tetas. Ese colchón de descanso no tiene nuestra tecnología, el nuestro está probado en más laboratorios. No sé cómo te atreves a ir con ese reloj en la muñeca, el nuestro es más suizo. Deberías prestar más atención. Tu lavadora puede mejorarse, la nuestra tiene más programas. Tu cadena de televisión no te da una oferta suficiente, nosotros tenemos más partidos. Tus dientes no están muy blancos, nuestro enjuague bucal, mata más bacterias. No quieres suficientemente a los tuyos, se nota. No deberías beber ese mejunje, nuestros vinos tienen más bouquet. No sabemos en qué tipo de hotel piensa alojarse, pero recuerde que los nuestros son mucho más luxury urban resorts. 


En resumen, que eres un pobre diablo, un puto perdedor.

¿Cómo te has podido conformar con tan poco hasta ahora? 
Nosotros siempre te daremos más. 


Gentrificación... y bares.



Hablar, hablar, hablar...
Bailar, bailar, bailar...
Beber, beber, beber...
Los Zigarros, "Hablar, hablar, hablar".-



Aquí. Bebiendo. Básicamente.

Gentrificaciónproceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo a la vez que se renueva (Wikipedia-wiki-wiki).-



Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es de haber nacido en la parte vieja de mi ciudad. Ya sé que eso uno no lo elige, pero estoy contento de estas calles. Eso imprime carácter, como los jesuitas. Si quieres conocer una ciudad, emborráchate en sus bares más antiguos. Otros te dirán que visites sus museos; a tomar por culo los museos. No sabes nada sobre arte y vas a un jodido museo. Claro que luego puedes fardar por ahí. Es que a mí me gustan los impresionistas. Claro. Qué bonito el museo d'Orsay ¿verdad? Ni te acuerdas de lo que viste, cretino/a. Sigamos, que me disperso.  Las calles en las que naces cambian. He vivido en Madrid y Barcelona varios años... pero ¡ay!, mis callecicas de lo viejo. Mis calles -mías, Fraga, entérate-. Así que uno siempre vuelve a ellas. Siempre vuelves, tarde o temprano. Para rastrear tu infancia, para buscar a las chicas que no volviste a ver, para emborracharte, para recorrer librerías, para charlar tomando cafés largos y sin prisa. Y uno las ha visto cambiar mucho. Sus encantadores yonkis -con más hueso que futuro- como profetas iluminados arrastrándose con su chándal, su bollo y su lata (que ahora vuelven, por cierto, debe ser la crisis y tal), tu primera bici que frenaba con el pedal hacia atrás, los ultramarinos donde  comprábamos Panteras Rosas de críos, los parques en donde jugábamos -soy de la última generación que jugó en la calle- , mercerías de las que ya no quedan (molaban las fotos de tías en ropa interior), las primeras erecciones cuando tu vecinita se sentaba a horcajadas sobre ti, los secretas sacando las pistolas. Coches ardiendo. Cualquier puto crío distinguía a los Clash de los Pistols con doce años. Todo realmente entrañable.Todo muy constructivo. Ves gente a la que no veías desde hace veinte años... y aún los reconoces. Qué viejos ellos, qué viejo yo. Basta de batallitas.


"Cuando era joven quería vivir en una ciudad grande.
Cuando perdí la juventud quería vivir en una ciudad pequeña.
Ahora quiero vivir".
Angel González.-

Pero una cosa sí ha cambiado mucho, y es que... amiguitos... ya no quedan bares de rock. Apenas. Ahora ha llegado la gentrificación y tenemos bares modernukis. Con lamparitas guays, revistas de diseño para su lectura y consulta en plan estupendo (supongo que debes poner cara de estar en el rollo sobre el último grito en moda nórdica para el hogar) y música chill-out. Los pelmazos del vintaaaage. Lo dicen así, alargando la a. Tócate los cojones. El feng-shui que disimula su mierda de vida contra el pintxo de tortilla y una buena sidra que te la alegran. No queremos gastrobares, queremos tascas de taburete y serrín. Y un chupito hierbas desparramado por los dedos y brindado a tu salud. Te relames la punta del dedo corazón, la auténtica sangre de Cristo, la celebración de la Vida. Creo que no hará falta que hablemos de las ya hace tiempo inexistentes tiendas de discos; eso da para otro post. Así que uno tiene que refugiarse en esos cuatro baretos que aún resisten con sus barflys canosos y barriguillas (lo mismo estoy yo incluido) y tirando a perdedores, con su colección de CD's polvorientos (el espotifay es una modernez), sus camareras que eran unos bollycaos... hace veinte años, claro. Ahora se pasean con dos niños y están gordas. G.o.r.d.a.s; ya sé que no es políticamente correcto. Otros somos malas personas, lo que es peor. Hala, ya está. Corrección política en el blog de al lado. Supongo que el tiempo no espera a nadie y donde antes había una tasca, ahora hay una galería de arte toda cool. Donde antes había una cuchillería, ahora una boutique. Oui, oui, ya sé, ya sé. Que si no fuera así, las partes viejas de muchas ciudades se habrían convertido en ratoneras. Chueca, el Born o Malasaña por ejemplo, estuvieron a punto de serlo -alguna de ellas lo fue definitivamente- y los modernos o los nuevos inversores las salvaron de alguna manera. Mundos aparte, Lavapiés y Raval tienen su propia idiosincrasia. Tiempo atrás, Barrenkale en Bilbao y Calderería en Pamplona. Que es el precio que hay que pagar, que mejor una tienda delicatessen que una bajera (que decimos por aquí) cerrada. Lo sé... el paso del tiempo, que tampoco me quiero hacer trampas en el solitario. Pero que uno tiene su corazoncito a pesar de la pose de malo y tal -es eso, pose, que yo soy un chico muy sensible- y se acuerda de cómo eran las calles antes. Sin más. Que no quiero daros la tabarra tampoco.




El mejor consejo que te darán jamás.


"Sois un alma que sostiene un cadáver".
Epicteto ( 55-135 d.C ),



Mi amigo Natxo con la aguja.


"Cuentan los hombres dignos de fe ..." , bueno, así empieza un cuento de Borges, magnífico y cortísimo, que me sabía de memoria de jovencito. Cuenta la leyenda, digo, que cuando un general romano entraba victorioso en Roma tras una dura campaña bélica, la multitud le aclamaba y vitoreaba en las majestuosas avenidas, otorgándole riqueza, honor y fama para la posteridad. El mundo estaba a sus pies. Caer en la soberbia estúpida era fácil. Sin embargo, los romanos eran unos andobas pragmáticos y llenos de doctrina estoica, al menos los mejores de ellos. Así pues, disponía la tradición que un tipo, generalmente un sencillo esclavo sin ningún boato, se colocara detrás del general victorioso durante el glorioso desfile y le susurrara continuamente al oído: "Memento mori, memento mori, memento mori...". Recuerda que vas a morir. Sencillo. Brutal. Puro. Me estremece el susurro del esclavo que sólo aquel general podía oír en medio del ruido ensordecedor, el ruido del mundo. El mismo ruido alienante de nuestro tiempo. 


Cuando sea un viejecito, ahí seguirá.
Ya veremos si le añadimos más adornos con el tiempo.

Recuerda que algún día dejarás de existir. No caigas en la arrogancia. Vanidad de vanidades, dice el Eclesiastés. Carpe diem es la versión, un poco más light, de Horacio. Disfruta la Vida mientras puedas... que dicen los compadres en los bares. Algo así como escribir en un papel diez cosas que quieras hacer (o volver a hacer) antes de morir. No importa qué cosas, cada uno tiene las suyas, personales e intransferibles, mágicas e íntimas. Las oportunidades no vuelven. O tal vez lo hagan en contadísimas y muy preciadas ocasiones. El tiempo no espera a nadie, dicen los ingleses. Tempus fugit en todo caso. Así que cuando no sepas qué decisión tomar, recuerda que vas a morir pronto. Es más tarde de lo que crees. Todo, absolutamente todo, te será más sencillo. ¿Qué importa que fracases, qué importa la vergüenza, qué pierdes con intentarlo? Sólo un necio puede pensar que no es una frase vitalista, rebosante de VIDA. Mírate mañana en el espejo ¿así es como quieres vivir el resto de tu Vida? ¿Vas a morir sin decir cuánto quieres a la gente que quieres? ¿No vas a enmendar ese error aunque sea diciendo "lo siento" a tal persona?


La aguja y la piel.


Así que había pensado escribir  un sesudo post sobre el porqué de este nuevo tatuaje, mi tercero. Con él inauguro ciclo vital y cronológico: la cuarentena. Pero he caído en la cuenta de que debería comenzar ese hipotético e ilustrativo artículo hablando, por ejemplo, de cómo deslizo la yema de mi dedo índice por la curva de la cadera de Anne mientras duerme. O  hablando sobre lo pequeños que se ven los pueblos entre los valles verdes desde la cima del Irumugarrieta una mañana de primavera tan azul que hiere. O de lo que siento al abrazar a mi madre y sentir su dulzura infinita. He pensado que también debería hablaros en ese supuesto post del ángulo de ondulación exacto del mechón del pelo color caoba de Miren sentada en la primera fila en el primer curso de la Universidad; hace veintidós años de esto. O de la noodinámica de Frankl, o de cómo presentí -la única vez en mi vida- la muerte rondando en la habitación de la residencia de Esperanza una tarde de verano; murió al día siguiente. Quizás debería mencionar en ese futuro post algo sobre cómo  el mar se tiñe de naranja con el primer rayo de sol al bañarme desnudo en el Mediterráneo o sobre aquel paseo en barca en el Tiergarten. O cómo escuché en completa soledad el canto de los monjes gregorianos en un monasterio en plena oscuridad en un viaje catártico, solitario, sin destino y finalmente fructífero. Me vería también en la obligación de hablaros de los momentos en que he herido a algunas personas, con la palabra, la acción o la omisión, y eso se me haría duro, claro. Veo que debería también hablar de mis errores, porque si sabes que vas a morir algún día, no debería repetirlos jamás; al menos, no los mismos. Debería escribir algo en ese post sobre llamar personalmente a personas que he herido y pedirles perdón. Para seguir ilustrando el porqué del tatuaje, también debería comentar algo sobre una madrugada de bares por Montmartre, sobre cómo las aguas cálidas de Iguazú caían sobre mí empapándome el cuerpo y el alma en mitad de un sonido atronador. O sobre alguna llamada telefónica inesperada a las cuatro de la tarde o  sobre cómo se siente el latido del corazoncito de un gato recién nacido o, incluso, si me veo apurado, sobre cómo retumbó el suelo al primer acorde de "Birth, school, work, death" de los Godfathers en el Apolo del Paralelo. También podía mencionar la noche que vi La Bohème en la Staatsoper de Viena. No podría dejar de hacer referencia también, en ese supuesto post, a las personas extraordinarias que de vez en cuando han caído en mi vida, aquí y allá, como pequeños milagros que casi nunca he merecido. Hablaría de las puestas de sol en el Algarve, de Pamplona en un 6 de julio a las 12 del mediodía con una botella en una mano y una chica en la otra o del pneuma de los griegos.  No se me olvidaría hablar tampoco en ese post -todavía inexistente- de la vibración exacta de la cuerda pulsada al aire antes de tocar el primer acorde de "Angie" en La menor en una guitarra acústica desnudo en la cama con una chica y una taza llena de fresas. Debería hablar también, por supuesto, sobre mis notas al margen escritas hace casi veinte años en mi ejemplar de "Sobre la brevedad de la vida" de Séneca o escribir algo también sobre lo orgulloso que me sentí al aprender a mecanografiar a 190 pulsaciones por minuto después de haber tenido dos secretarias, dos. Uno de mis mayores logros. Lo digo muy en serio. Debería mencionar la sorpresa en unos ojos al levantarse de madrugada para coger un vuelo inesperado a París para desayunar croissants en los Campos Elíseos o de alguna noche loca por los canales del Barrio Rojo de Amsterdam. Debería mencionar en dicho post algo sobre mandar a la mierda un trabajo por el que se matarían millones de personas; debería hablar sobre beber agua fresca de una fuente de la Plaza de Recoletas de las manos fuertes y protectoras de mi padre siendo el niño que una vez fui.

Debería escribir en ese supuesto post un puñado de cosas más. Debería...

Así que he pensado que iba a ser demasiado trabajoso escribirlo realmente y no lo haré. Además, tampoco importa tanto por qué coño un tipo que tiene un blog se ha tatuado eso en el antebrazo. Y tampoco voy a explicárselo al que no lo entienda.

Film protector 48 horas y las guitarras de Anne.

Eso sí, quiero recordar a menudo que voy a morir algún día, para que cada pequeño detalle de mi Vida la convierta en un hermoso viaje o para no equivocarme demasiado a la hora de sacar a relucir mi orgullo estúpido. No quiero olvidar las cosas importantes de la Vida, como aquellos generales romanos. Quiero ser un mejor tipo. Y desde luego, quiero ser siempre fiel a mí mismo, cueste lo que cueste.
Quiero que  todo esto sea un hermoso viaje pase lo que pase. 
Como buscar perlas entre la mierda sin perder nunca la fe.
Eso, jamás.

Porque tal vez este sea el mejor consejo que nadie te pueda dar jamás: recuerda que vas a morir. 









Fe.

The following is a true story, 
only the names have been changed to protect the guilty /
La siguiente historia es verdadera, 
sólo se han cambiado los nombres para proteger al culpable.

AC/DC "Ain't no fun  (waitin' round to be a millionaire)".-





Creo en doscientos kilos de hierro y gasolina.
Creo en recorrer de madrugada los polígonos industriales del extrarradio
mientras tú observas con los ojos abiertos de espanto 
el techo de la habitación. Con un hombre muerto roncando a tu lado.
Creo en planificar poco y vivir mucho.
Creo en las cicatrices del alma,

creo en los besos suaves.
Creo en los tipos duros que tragan saliva.
Creo en mis dedos buscando en tu entrepierna mojada y caliente.

Creo en recorrer al amanecer las avenidas vacías
 mientras alguien desvelado se jura por sexta vez  que hoy lo hará.
Por eso yo creo en quienes buscan hoy sin importarles qué van a encontrar mañana.
Y se enfrentan a lo que venga.
Creo en hacer kilómetros en soledad yendo a ningún sitio,
 buscando nada.
Creo en la frase que alguien me dijo una tarde de otoño.
Creo en las luces de los semáforos cambiando de color al anochecer de un día de verano.
Creo en gasolineras con cafés abiertos 24 horas, en descubrir qué hay 
detrás  de la siguiente curva, después de la siguiente loma.
Creo que en las señales del camino hay más verdad que en las iglesias.
Creo en el viento frío en mi cara.



Creo en Bon Scott.
Creo que el asfalto es menos duro que el desamor.
Creo que una caricia es más fuerte que un golpe.
Creo en los hombres buenos sólo cuando naufragan.
Creo en los hombres malos siempre porque ellos están seguros.
Creo en rodar bajo las luces de neón de un boulevard desierto
mientras tú te preguntas por qué lo hiciste,
mientras tú te preguntas por qué no lo hiciste.
Creo en rodar bajo un cielo estrellado
y también creo que una de esas estrellas es mi hermano muerto.
Creo en levantarme antes del amanecer y en ese pestazo a gasolina de 95 octanos.
Y creo en todo esto porque creo que la Vida es un viaje, no un destino.
Creo en las cruces al borde de la carretera.
Creo en la angustia de tipos con corbata metidos en un atasco a las ocho de la mañana.
Creo en el ruido de la caja de cambios en el momento exacto en que engranas la tercera marcha.
 Justo en ese instante preciso.
Creo en la tristeza de los camiones bajo la lluvia en un área de servicio.
Creo en compartir una cerveza con un hombre desesperado
 en un bar de carretera.
Y creo en el miedo y creo en el éxtasis.
Pero no creo en engordar un curriculum, creo en coleccionar momentos.
Creo en los perros muertos del arcén
 mientras tú das el beso de buenas noches a tus hijos
 y los temores se agolpan en la puerta de tu alma
un martes a las 22:57 h.
Sólo están haciendo tiempo para entrar.
Creo que un día voy a morir.
Creo en la mirada serena del hombre justo.
Creo en las historias que cuentan sobre el kilómetro 73.
Creo en válvulas y pistones y discos de freno,
 creo en mi corazón bombeando sangre y aceite y trocitos de luna.
Creo que mañana no será mejor.
Pero también creo que mañana el dolor no será peor.