Nº Visitas

.

.

Un insobornable orden finito.

            
                 Pamplona-Iruña, 6 de julio de 2016, 12 p.m.




Un año más es un año menos.
¿Cuántos quedarán? Quizás siete, quizás quince.
Intactos y relucientes, guardados en un cajón.
En un insobornable orden finito.

El preciso instante de las doce del mediodía será apenas un segundo suspendido en la eternidad.

Pero cabe tanto en tan poco... todo lo que fui, todo lo que soy.
Hoy volveré a encontrarme conmigo mismo al doblar cualquier esquina, la menos pensada...
Porque hoy volveré a ser el niño de diez años que lanzaba petardos.
Porque hoy volveré a ser el adolescente tirado en la hierba con una chica encima, nometoquesahí.
Porque hoy volveré a abrazar a amigos que creía perdidos para siempre.
Porque hoy volveré a besar labios que dejé de amar hace mucho tiempo.

Llaves, dinero y calzado cómodo. La Santísima Trinidad.

Beberás litros de cerveza.
Ese olor a serrín y alcohol en el suelo...
Esas canciones...
El éxtasis de sentirte vivo.
Y en cualquier bar cantarás el Honky Tonk Women a pleno pulmón con cara de pillo, lo sé.
I met a gin-soaked barroom queen in Memphis...
Sacarás a una chica a bailar y, al menos, la harás reír.
Tú también reirás.
Y brindarás por la gente que quieres.
Y brindarás por la gente que no está.
Besarás nuevas bocas rojas antes del anochecer.
Abrazarás un cuerpo agotado de alegría buscando calor en el frío del amanecer.
Y mañana... qué importa mañana... hay días en los que Dios mira para otro lado.

Será un año más, será un año menos.



                               

El mismo día, a la misma hora, en el mismo sitio... 31 años después.