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Soy economista y os pido disculpas.

Ahora, espíritu libre nietzscheano. La misma sonrisa de cabrón.
Antes, Máster del Universo.

Hombre de paja, yendo directo al infierno.
¿Alguien necesita un coche de 60.000 dólares?
¿Alguien necesita que le digan que si escupe contra el viento 
le rebotará el doble de fuerte?

Lou Reed "Strawman"




                                  Editorial Deusto, 2011.-
"Muchas veces son personas instruidas, altruistas y simpáticas las que reciben un salario para destruir empleos y embaucar a la gente. Muchos de ellos ni siquiera creen en la necesidad de realizarlo, piensan que no tienen elección y, si insistes, puede que confiesen que se sienten a disgusto o que sufren por lo que llevan a cabo. Te dirán que el sistema no funciona (en privado), pero defenderán grandes principios perentorios (en público) y continuarán comportándose (en la prácica) de tal manera que cada vez nos acerquemos más al abismo".

Quizás os suene esta historia. Supón que eres economista de formación, supón que te gradúas en un MBA de una de las mejores Escuelas de Negocios de Europa y empiezas a trabajar en una de las grandes empresas de tu país. Tienes una formación superior al 99% de las personas con las que te vas a topar el resto de tu vida. Supón también que en uno o dos años, ya tienes responsabilidades importantes en la compañía de turno (en su mayoría multinacionales o consultoras, después de salir de la Escuela de Negocios): responsabilidades acordes con lo que empiezas a ganar a pesar de tu juventud. De alguna manera acabas siendo dos personas: en tu vida profesional y en tu vida personal. Acabas teniendo que ocultar en la empresa el hecho de que te gusta leer, o escribir, tener aspiraciones humanistas o pertenecer  a  un grupo de poesía. O que te gustan los conciertos punk rock en tugurios nocturnos incomparablemente más sórdidos (y enriquecedores) que las asépticas salas de reunión de la empresa con sus portátiles, aguas minerales y caramelitos de colores. Lo ocultas porque todo eso podría dañar tu credibilidad profesional a ciertos niveles. Haces todo eso y... acabas siendo un borrego. De la élite profesional, pero un borrego. Coges aviones, te alojas en buenos hoteles. Borrego. Al principio es divertido, chic y luego es sencillamente alienante. Con una formación exclusiva, acabas perdiendo lo más elemental: el control de tu destino. Eres una oveja estúpida que gana mucha pasta y que obedeces las directrices de lo único que importa: el MMPRDC (Make More Profit, the Rest we Don't Care about-Haz más benefico, todo lo demás no importa). Y la Vida pasa al lado de uno.




Y es que al final, no existe la ética colectiva (por definición), un grupo con intereses comunes sólo quiere más dinero, más beneficio, más ventas, mejores resultados con menos recursos. Se utiliza lo mejor del ser humano (actitud, resiliencia, compromiso) para alcanzar el presupuesto anual en tu unidad de negocio. Y aún peor, ¿para qué quieres la ética personal? Si no lo haces tú, otro lo hará ¿no? "La culpa no es mía, es del sistema" y todo eso. Y por el camino ganas mucho dinero: el círculo se cierra... pero pierdes tu propia vida. Pierdes el control de tus actos, de tu voluntad, de tu tiempo, de tus aficiones. De los placeres sencillos y momentos mágicos de la Vida. ¿La solución personal? O tirarte a tiempo de la moto (antes de los cuarenta preferiblemente) o ser un muerto en vida con una corbata de 100 euros. ¿La solución colectiva? Entre otras cosas, mayor regulación por parte de los gestores políticos de la res publica para detener el caos al que conduce la avaricia y la mentira de este  capitalismo de ficción ( ver "El estilo del mundo", Vicente Verdú). Porque la avaricia empresarial o colectiva jamás descansará, jamás se detendrá si eres parte del mecanismo. Nunca. El hombre no cambia dentro del colectivo. Pero lo mínimo que se puede pedir a una vida que se tenga por tal es que alcance la mayor cota de coherencia personal posible. Sólo quedan las respuestas individuales: primero, tomar decisiones y después, actuar en consecuencia.




5 cosas de las que te arrepentirás antes de morir.

Parece que en época navideña hacemos un resumen de lo que ha sido el año. Hacemos propósitos para el próximo también. Es como morir y renacer de nuevo queriendo ser mejores, corrigiendo esas cosas que nos incomodan. Creo que es un buen momento para hacer un auténtico examen de conciencia. Quizás el definitivo. No os hablaré de aprender inglés o dejar de fumar. Os hablaré de las cosas de las que se arrepiente la gente que realmente va a morir en unas semanas. Sí, morir, esa mala costumbre que siempre tienen los demás.

Bronnie Ware sabe de qué habla; es una australiana que ha trabajado en cuidados paliativos de personas que morirían entre las 3 y las 12 semanas siguientes. Personas deshauciadas con menos de tres meses para estar en la tierra. 

Estas son las 5 cosas de las que más se arrepiente la gente a punto de morir :

1.- Haber vivido la vida que otros querían, no la suya propia: la gente no lucha por sus sueños. Este es el  arrepentimiento más habitual.

2.- Haber trabajado demasiado. Se arrepienten de no haber simplificado su vida y de haberse perdido lo más precioso de ella: el tiempo con las personas queridas, llámense hijos, pareja, amigos, ... o aficiones, pequeños placeres...

3.- Haberse callado sus sentimientos. Desarrollan enfermedades por sacrificar sus ganas de expresar sus emociones a los demás por temor, timidez, para mantener una falsa (y costosa) armonía con alguien,...


4.- No haber conservado a los amigos. No haber destinado algo más de esfuerzo y tiempo a cuidar las relaciones humanas en general.

5.- No haberse permitido ser más felices. Muchas veces no nos permitimos avanzar, nos agarramos a malas costumbres o emociones y nos negamos a luchar para cambiarnos a nosotros mismos. Por miedo, pereza, comodidad,...




Así que cuando hagas tus propósitos de Año Nuevo, puedes seguir pensando en apuntarte a un gimnasio...
Que tengáis un buen año.



                                Más info (en inglés).



"But it's my right if the worst of it might still
somehow make me a better man".

Joe Henry, "Our song"

Sol de medianoche.




He metido en mi bolsillo el último rayo de sol del atardecer. Lo guardo para la medianoche.
Voy a destrozar tu maquillaje.
 Haremos fotografías. 
Resplandores de flash en una habitación en penumbra.








Felicidad Nacional Bruta



You only see what people want you to see
How long it's gonna be?
...............................................................
Sólo ves lo que la gente quiere que veas
Cuánto tiempo va a ser así?

Oasis, "Whatever".


El Producto Nacional Bruto mide en términos económicos los flujos de bienes y servicios de un país en un período de tiempo pero ¿es un buen medidor del grado de felicidad de una sociedad? Cuanto mayor sea el PNB, ¿será mayor la satisfacción vital de los ciudadanos de esa comunidad? En definitiva, ¿cómo medir la felicidad? Sabemos medir el paro, la inflación, el consumo, el precio del dinero, las balanza comercial, el ahorro o la deuda. No tenemos ni puta idea de valorar lo más importante: la felicidad humana. La OCDE (34 países desarrollados de Occidente) ha elaborado un índice de felicidad. En él puedes ponderar (de 1 a 5) los ingredientes que a tu juicio son fundamentales para tu bienestar y comparar la felicidad de cada país. Hay variables económicas puras y duras (nivel de renta) pero también otras menos cuantificables monetariamente como la satisfacción laboral, medioambiente, el equilibrio entre vida personal y trabajo, etc... Por supuesto, los países de mayor renta no coinciden con los más felices.





                                                Aquí, puedes hacer tu propio índice (en inglés).




Y eso que no hablamos de países en vías de desarrollo; nos llevaríamos auténticas sorpresas. ¿Por qué la tasa de suicidios es siete veces mayor en Finlandia (con una gran renta per cápita) que en Méjico o Grecia? Tomemos el ejemplo de Bután (especialistas en la medición de la Felicidad Nacional Bruta), entre China y la India. Elaboran su propio índice y marcan variables como el bienestar psicológico, la vitalidad de la comunidad o la  cultura. Llegan a preguntar a sus ciudadanos cuestiones tan sencillas y geniales como: 

  • ¿Conoce diferentes nombres de la fauna y flora de sus alrededores?
  • ¿Experimenta a menudo la compasión?
  • ¿Hay comprensión en su familia?
  • ¿Cuál es su nivel de lectura?
  • ¿Practica la meditación?
  • ¿Tiene presente al Karma en su vida diaria?

Me temo que una vez más, los listos occidentales adoradores del mercado tendremos que aprender todo desde el principio.


                                                          Aquí, la Felicidad en Bután y más info.

La banda sonora de mi vida.



"Sin música, la vida sería un error".
F. Nietzsche



" No siempre puedes conseguir lo que quieres...
pero a veces, si lo intentas, encuentras lo que necesitas ".
                                                                                         Jagger/Richards


Desde luego no ha sido un puto delfín ni un dibujo tribal, no tengo mucho de maorí. Tampoco unas letras orientales de esas que la gente se pone para parecer interesante cuando les preguntas qué significan. Les hablas de Lao Tse o del Óctuple Sendero y te cambian de tema. Generalmente son garrulos que no han leído un libro en su vida. Esos símbolos suelen significar Verdad o Compromiso o Destino o alguna leche budista. Yo es que soy todavía más vulgar. O quizás porque no alcanzo tales sofisticaciones intelectuales; no llego a tan elevados conceptos. 




Quizás porque mi vida se fue ensuciando a ritmo de su rocanrol, como dijo el Loco. Quizás porque ya tengo edad de hacer lo que me da la puta gana después de  quince años de traje y corbata. Quizás porque son la banda sonora de mi vida. Pero sobre todo y muy especialmente porque es una cuestión de actitud. Y no es sencillo de explicar. A lo instintivo, a lo irracional es complicado darle un sentido lógico. Como el dolor del cante jondo o el latido animal de las danzas africanas. Magia en forma de música. Cuatro acordes y un sueño. ¿Por qué un niño de diez años se coloca un chapa de los Rolling si sólo ha oído Satisfaction en un anuncio de la VHF? No sabe inglés, ni siquiera sabe que quienes suenan son los Stones. Se entera más tarde y se compra una chapa con la lengua. Y sólo tiene diez tiernos años. Quizás por lo que significa el rocanrol: hacer lo que supone que no debes hacer, estar en donde se supone que no debes estar y pensar esas cosas sucias cuando el diablo te guiña un ojo. Creo que lo he dicho antes por ahí. A los quince, a los treinta y ocho y a los setenta. A los cien años, también. Hay más sabiduría en el rocanrol que en todos los libros de filosofía del mundo. Hay más placer, más dolor, más soledad y más diversión. Puedes estar borracho, solo y tirado en un callejón con el alma rota sin nadie que te pueda ayudar. Puedes estar acariciando a la mujer más guapa de la ciudad delante de una chimenea una noche de invierno. Música para follar, música para llorar. Animales difíciles de domesticar. Lo más parecido a un código moral para los descreídos de los códigos morales. Eso es el rocanrol. Abrazar a las personas que amas, estrellar un vaso contra la pared. Vislumbrar que otra vida es posible cuando se estanca la que vives. Para no ser nunca una bestia de carga sin alma. Eterno aprendiz de canalla. Jugar con chicas malas con corazón de oro. Las chicas buenas suelen casarse con tipos aburridos. Cambio Audi por noche loca. Besar unos labios que no te pertenecen, y que saben deliciosos. Pedir siempre la penúltima copa, jamás la última. El brillo de la emoción en los ojos. Disfrutar el instante. Intentar ser libre. Querer más amaneceres y más escalofríos. Siempre más. Quizás porque cuando sientas cabeza, es momento de aprender a perderla de nuevo. Quizás porque se te pone la carne de gallina al entender que algún día morirás. O quizás simplemente porque todavía queda un bar abierto. Jagger/Richards lo resumieron: It's only r'n'r ... but I like it.


Con el pin de los Rolling    ( Circa 1982 )





A la puta calle todos.


Lucy Nobbe es una mujer de 51 años de St. Louis (EE.UU.), madre y trabajadora desde que tenía 16 años. Ha pagado puntualmente sus impuestos y no se considera especialmente motivada políticamente. Pero está hasta los ovarios de los inútiles que manejan el dinero, la política y el poder. Habría que aclararle que no es la incompetencia lo que debe criticar sino a nuestra vieja amiga, la avaricia humana. En definitiva, la mujer quería manifestar lo harta que estaba de todos esos engominados con corbata (¿de qué me suena esto?) y quiso mostrar una pancarta a los cuatro vientos. Literalmente. Washington tiene el espacio aéreo cerrado, pero no NY curiosamente. Así que contrató una avioneta publicitaria con el texto: "Deberíais ser todos despedidos" ("You should all be fired") y sobrevoló Wall Street durante un rato. Lucy aclara que no sólo quería criticar al mundo del capital sino también a los políticos, tanto republicanos como demócratas. Hasta la compañía de la avioneta le hizo un descuento en la factura. Olé tus ovarios, Lucy.


"Thanks for the downgrade. You should all be fired".
"Gracias por la bajada de calificación. Deberíais ser despedidos todos". 

Más info sobre Lucy, aquí (ABC News).

Puños y caricias.


El amor no es una marcha triunfal, 
Es un frío y roto Aleluya.

                                              Leonard Cohen.-

Un enorme tatuaje en el brazo que deja ver cuando se quita su cazadora de cuero. Facciones duras. Marinero de aguas turbulentas. Una cicatriz en la frente nos habla de noches difíciles. La chica se le acerca y le pregunta qué desea. Él la mira un instante y con voz grave pide un café con leche. Es posible que se conozcan, quizás haya ido dos o tres veces a su bar. El le pregunta cómo está. Ella le dice que un poco agobiada, que es lunes y está algo decaída. No es su mejor día. Él no dice absolutamente nada. La contempla mientras se gira hacia la cafetera. La desea como un niño desea el sol. Sin malicia. Ella le sirve el café y se aleja con una leve sonrisa y aspecto cansado. Cuando acaba el café me pide el boli con el que suelo hacer anotaciones en mis libros. Coge una servilleta de papel y garabatea algo en ella. Deja unas monedas encima de la servilleta y se va. Al salir le dice a la camarera que le deja el dinero en la barra. Recojo el bolígrafo y es inevitable que lea lo que ha escrito. Un monigote sonriente con el texto "Anímate, tú vales mucho" rodeado de una moneda de euro y dos de diez céntimos. Le observo alejarse a través del cristal caminando con paso firme y sin mirar atrás. Decido esperar unos minutos antes de irme. Quiero observar el rostro de la chica cuando recoja el dinero. Una enorme sonrisa se dibuja en su rostro, dobla cuidadosamente el papelito y lo guarda con suavidad en un pequeño bolso que cuelga de la puerta de la cocina. Cuando pago, noto que el cansancio ha desaparecido de su cara. Está muy contenta. 






El Club de la Lucha.



El Proyecto Mayhem ha comenzado...








Desobediencia.  Caos.  Jabón.
















La primera regla del Club de la Lucha es:
Nadie habla sobre el Club de la lucha.

La Segunda regla del Club de la Lucha es:
Nadie habla sobre el Club de la lucha.

"Empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos".


"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida."








Esta es tu vida, aprovéchala hasta la última gota.
Nunca vas a estar mejor que ahora.
Esta es tu vida y se acaba a cada minuto.
Esto no es un seminario, esto no es un retiro de fin de semana.
Ni te imaginas lo bajo que podrías llegar a caer.

Sólo después del desastre puedes resucitar.
Sólo después de haberlo perdido todo eres absolutamente libre.

Nada es estático, todo evoluciona.
Todo cambia y se deshace.

No eres un único y encantador copito de nieve, eres de la misma materia orgánica que el mundo.
Somos parte de la misma capa de compost.
Somos la mierda bailante del mundo.

No eres tu cuenta corriente.
No eres la ropa que vistes.
No eres el contenido de tu cartera.
No eres tu cáncer de colon.
No eres un cappucchino especial.
No eres el coche que conduces.
No eres unos putos pantalones.

Tienes que renunciar a todo eso.

Tienes que saber que algún día la palmarás.
Hasta que no seas consciente de eso, eres completamente inútil.
Nunca quieres sentirte completo.
Nunca busques estar contento.
Aléjate de los muebles suecos de diseño.
Aléjate del arte inteligente.
Aléjate de una piel tersa y unos dientes perfectos.

Consejo nº 7: Tome sus propias decisiones. Empiece por las almohadas.






Pues sí. Según Hoteles Meliá y su Departamento de  Marketing, debes comenzar a tomar tus propias decisiones. Atrévete. No te dejes aconsejar por nadie, tú tienes criterio propio, ya eres adulto y debes coger lo que te pertenece. Y qué mejor manera de hacerlo que empezar con la elección de almohada. No dejes que nadie decida por ti. Ya sabes que el que no arriesga, no gana. Elige tu propia almohada. Para que puedas descansar mejor en esa vida de mierda que llevas. Para que se desplieguen ante ti todas esas magníficas soluciones prácticas para la vida actual, tan ajetreada hoy en día ¿verdad? Por fin ya eres libre. Al menos para poder elegir tu propia almohada, qué coño, que te lo has ganado, hombre. Que no tengas tiempo para abrazar a tus hijos no significa que no puedas sentirte bien. Ya eres un poquito más independiente, y lo notas ¿a que sí? Esa sensación de exclusividad difícil de describir ¿sabes de qué te hablo, eh? Ese vientecillo que recorre el espíritu de los hombres auténticamente libres. De hecho, cuando despliegas ante ti la novedosa carta de almohadas de la cadena Meliá, como que ves las cosas de otra manera, como una persona realizada con su esfuerzo que se ha trabajado su derecho a proporcionarse la almohada que le venga en gana. Faltaría más. Ya eres un poquito más tú. Te pajearás en la habitación pensando en la azafata del vuelo que te ha traído hasta aquí; durante un instante olvidarás a tu mujercita y sus frivolidades porque ya tomas tus propias decisiones. Oh, qué veo, también dispones de una carta de aromas para perfumar tu habitación. Sin duda, formas parte de los elegidos. Enhorabuena, amigo.





You pay for this, but they give you that.
Once you're gone, you can't come back.
.......................................................
Pagas por esto, pero te dan aquello.
Una vez que te has ido, ya no puedes volver.

                                       Neil Young.-

Aquellos maravillosos años.


Si sabes de quién es este coche... has nacido en los setenta. 

No es que me considere un tipo particularmente nostálgico. Antes bien, suelo pensar que lo mejor está siempre por llegar. Sin embargo, uno tiene sus recuerdos de niñez, dispersos aquí y allá, y como todos los recuerdos, te asaltan insospechadamente sin pedir permiso en cualquier momento y lugar.


Si les quitabas el pelo, tenían vacía la cabeza. Como algunas personas. 


No nos dio tiempo de luchar contra Franco pero nos enterábamos de las carreras delante de los grises porque jugábamos en la calle. Veías los coches ardiendo, no te los mostraba la CNN. Los críos de ahora ya no juegan en la calle. Por suerte, tampoco llegamos a tiempo para que nos golpeara la heroína, aunque recuerdo ver a una chica preciosa clavándose la aguja entre dos coches. Hoy sólo se ve eso en barriadas marginales. Antes sucedía en cualquier calle. Bueno, tampoco llegamos a tiempo para la famosa movida. La verdad es que no llegamos a tiempo de casi nada. Por eso ahora somos unos putos nihilistas. Algunos se apuntan hoy a ONG's y tal.


Esto era nuestra Playstation. También teníamos el Comecocos.


Aprendimos a desconfiar pronto de la clase política: "Otan, de entrada no". Las pegatas del sol antinuclear y todo eso. Un "gua" en la tierra de un parque era suficiente para una tarde de canicas. Las "vacas" eran las canicas grandotas. Jugábamos al "linque" clavando un cuchillo en ese mismo parque. Churro, media maga o manga entera. Veíamos dibujos realmente sádicos: Marco no encontraba a su madre, la Rottenmeier le amargaba la vida a Heidi. Hija de puta. Seguro que todas serían series políticamente incorrectas hoy. Empezamos la era de los ordenadores, eso sí, con los Spectrum o Amstrad.


Esto era un teléfono.


Teníamos bicis BH, GAC o Torrot. Si te dabas una hostia, mercromina y a correr. Supongo que ni siquiera había cascos entonces. Y los columpios eran de metal con esquinas cortantes, creo que nadie murió por un columpiazo. Tenías que elegir muy pronto entre Tequila o Spandau Ballet. Os aseguro que esa decisión puede condicionar toda una vida. Era, y sigue siendo, una cuestión de actitud.  El prota de ET le daba un muerdo a una chica: se abría un mundo ante tí... se puede besar a una chica en los labios. Sin olvidar la teta de Sabrina, algo más tarde, que había que estar muy atento al momento cumbre. Chicles Cheiw y Palotes. Orzowei y Los Ángeles de Charlie; claro que si tu padre quería ver "La Clave", ya estabas jodido. Fofó y José María Iñigo.


Nuestro mp3. Con Play + Record, grababas.


Jugábamos a matar indios y vaqueros en las aceras y con pistolas de juguete, de nuevo políticamente incorrecto todo, ya ve usted. No sabíamos qué era la NBA, sólo había UHF y VHF, pero conocíamos a Corbalán o Epi. Había rombos en la tele. Los plastidecor y botas katiuskas para los charcos. Rebobinábamos cintas de cassette con un boli, tenía que ser Bic porque se ajustaba perfectamente. Sandokán y Mazinger Z. Teníamos el Blandiblú, intrépidos paracaidistas en bolsas de plástico y sobrecitos de 10 pelas con soldaditos dentro. Panteras rosas, Tigretones y Bucaneros (los amarillos). No teníamos Simpsons pero nos internamos en el humor absurdo de la mano de la Pantera Rosa: Dum, dum-dum... dum-dum-dum...dum-dum... En fin, que me apetecía contar una de batallitas. 


















Si sabes qué fabricaba esta casa, también eres de los setenta. 








Dos rombos. Acaba de leer el post y a la cama.

Magia con faltas de ortografía.



Alguien ha fotografiado este cartel y lo ha colgado en internet. Son de esas cosas que te hacen pensar que sigue existiendo la magia en este jodido mundo. Según San Guguel, "Tuzsa" son los Transportes Urbanos de Zaragoza. Así que algún camarero de Zaragoza (un Alfonso cualquiera, un tal Pablo con perilla) tuvo un flechazo con alguna conductora de bus que habría parado casualmente en su bar (Ana, esa de coleta rubia o Paula, la del bolso en bandolera). Él no sabe ni su nombre (hay que andar más listo, chico) y sólo sabe que trabaja conduciendo por la ciudad en la que ambos viven. No tiene más información y tiene que encontrarla cueste lo que cueste a través de carteles en las paradas. Tiene que volver a verla, saber su nombre, hablar más tiempo con ella, conocerla un poco más. Y posiblemente sólo hayan intercambiado unas pocas palabras tópicas y un par de bromas de barra. Y un simple cartel con faltas de ortografía nos redime de la estupidez cotidiana, de la vanidad del mundo, de las prisas y de la vergüenza boba que nos impide sentir con libertad. De creernos mejor que el de al lado. "Seguro que es un psicópata", "Es que yo no hago estupideces como esta". Claro, no  lo dudo. Así te va. Porque ese sencillo cartel a punto de desprenderse es una perla brillando entre la mierda. El camarero no  renuncia a su intuición, a la magia de la vida. Tiene fe en el azar. En el divino azar. Podía haberse quedado quieto leyendo el Marca sobre el mostrador, desechando la idea de volver a verla. Yéndose a casa después de hacer caja una noche más. Y soñando con ella. Pensando que no es tan importante para él, tirando a la basura una ilusión más. Total, ya van tantas... Pero ha dado un paso al frente, se ha puesto en pie. Lo veo escribiendo el cartel en el dorso de un albarán de patatas fritas con un Bic mordido y colgándolo con una sonrisa de esperanza y papel de celo basto, cortado con los dientes. Y esas cuatro líneas tienen más peso que todos los balances de las empresas del Ibex35, más poesía que cien Nerudas solamente leídos y nunca vividos, más verdad que todas las homilías del mundo, más emoción que todos los sueños que no nos atrevemos a soñar, más luz que todos los fríos neones de los centros comerciales.  Estos son los detalles que hacen que la Vida, simplemente, valga la pena. Un trozo de magia a punto de caerse en la marquesina de una parada de autobús cualquiera. Espero que ella se pase por tu bar, muchacho, y que tengáis la historia más bonita de vuestras vidas.




Aquí la foto original en otro blog. 


De parques y mañanas limpias.

El domingo pasado, con "Ruby Tuesday", mi bici.




Con bici alquilada por los parques de Roma hace dos veranos.
Tanto vivir fuera y  viajar por ahí para descubrir que el café más bonito estaba en mi ciudad natal. Manda huevos. Quizás el café del lago del Tiergarten sea el segundo más bonito. Pero hay que hacer patria. Es un tesoro escondido.  Además, en cada ciudad hay un parque precioso casi siempre desaprovechado. Así que, hazte un favor a ti mismo... espera a que llegue el domingo, no trasnoches demasiado la víspera, coge la bici y te vas a leer toda la mañana a ese parque con café tan bonito que habrá por tu zona. Aconsejo ir a primera hora.

El café en cuestión.



Desde el interior. Yo mismo hace 4 años.


Posiblemente, el mejor tiramisú del mundo.


Y es que en las cosas sencillas está lo mejor de la Vida.

Hace unos años, todo tirado en las famosas tumbonas de Hyde Park. 
Supongo que con resaca.

Los mejores amigos de una mujer.


Una revista de moda titula su portada: "Los mejores amigos de una mujer. 270 accesorios que no fallan" *. Habéis leído bien, 270 accesorios. No cuatro o cinco o veinte. Doscientos setenta accesorios para no fallar. ¿Fallar? La verdad es no entiendo bien nada del titular. ¿Se trata de ir de caza y cobrar la pieza con total garantía? ¿Hay que disimular las carencias personales o de carácter con artificios? ¿Qué es no fallar? ¿Engañar al macho estúpido? ¿Ser la más estupenda de la oficina? 




Las mujeres que me gustan fallan. Me gustan porque no son perfectas y si han tenido un día jodido no cuelgan de su cara una sonrisa falsa y boba a juego con un Vuitton en el brazo. Aprietan los dientes y siguen luchando. No están radiantes, ni falta que hace, las veinticuatro horas porque no son gilipollas ni esclavas de su imagen. Fallan porque no les da la puta gana de estar divinas siempre. A veces prefieren no maquillarse ni tener "accesorios que no fallan" para que pueda brillar su belleza natural. En ocasiones se ponen una simple camiseta blanca y unos vaqueros y resultan más guapas y atractivas que nunca. Me gustan las mujeres que fallan. Que aparentan cuarenta porque han cumplido dos veces los veinte. Me gustan las mujeres que cuando están tristes necesitan un abrazo y no un accesorio. Me gustan las mujeres que ríen y lloran, las que se enfrentan a la vida sin accesorios, directas como un beso sin porqué. Que se entregan con pasión y sonríen con inteligencia, con el alma y el cuerpo desnudos ante el espejo del tiempo. Con la ternura y la fuerza de ser ellas mismas. Con o sin pañuelo de Hermès al cuello. Sin 270 accesorios. 






Revista "S Moda", sábado 1.10.2011 con "El País".

Anima mundi.



Ante todo, seriedad, que estoy sintiendo la fuerza vital del mundo...


La razón, oh, la razón. Consultas a la razón, actúas en consecuencia y te crees muy astuto, escoges la mejor opción, la solución idónea que te dicta el recto criterio lógico. El hombre siempre se ha enfrentado así a lo desconocido, a su existencia cotidiana en el mundo. Bueno, desde el Renacimiento al menos. Hasta entonces teníamos el Mito, teníamos a Dios, éramos ignorantes pero humildes pero ¡ah!, hijos de puta, luego perdisteis el temor de Dios y volasteis solos... orgullosos y  capaces. Luego vino la Ilustración y la ciencia y os creísteis preparados para dominar el mundo. Teníais el método científico, la técnica y poco después, hasta la penicilina. Chicos listos. Freud acabó de engañaros. Y ahora tenemos la tecnología, cualquier payasete como yo tiene un blog con 60.000 visitas, hay un iPad en cada casa y Belén Esteban en la de todos. Definitivamente, nos vamos a tomar por el culo como civilización. 


... ya viene, ya viene... !


Hasta tenemos eso que llamamos Cultura. Queremos contrarrestar el pánico de estar vivos, porque mientras vives, eres responsable. Siempre buscando metodologías  para enfrentarnos a lo desconocido. Sin embargo, una simple mutación celular mata a los niños con siete años en los hospitales punteros del primer mundo. Como hace miles de años, como en las cuevas. Y encima el instinto animal sobrevive en el cerebro límbico, el que hace que nos den asco las arañas y las serpientes o que necesitemos que nos abracen de vez en cuando. Un recuerdito de nuestros tatarabuelos, auténticos desalmados, sin piedad por el débil, cuando eran perseguidos por bicharracos bien cabrones y se trataba de sobrevivir. Tus músculos, tus ligamentos y tendones, dentadura, extremidades y estómago están diseñados para cazar y devorar  animales, perseguirlos en los montes y los ríos, dormir a la intemperie. Aún se nos eriza el pelo de miedo listos para salir por patas y ojito con que un gañán te quite el sitio al aparcar, que te disparas (lo sé: su novia era más fea que un coco), subidón de adrenalina y cortisol. Estás diseñado para desgarrar entrañas de animales en una cueva con tu boca. Y prefieres un hotel de 5 estrellas. Segregas oxitocina como un descosido cuando ves una chica con la que quieres copular. En definitiva, la cultura como contraposición a la naturaleza a la que intentamos dominar porque nos da pánico el no controlarla; dormir una sola noche en un bosque nos aterra, diez horas sin comer es hoy una aberración. Pero nos gusta ver el mar, subir una montaña. Tenemos a Chopin pero nos gusta echarnos un pedo cuando nadie nos oye (tú también). Movimientos intestinales automáticos, cerebrales en última instancia. Instinto y urbanidad. El problema es que nos educan en el dualismo. Ciencia o mito, orden o caos, azar o destino, materia o espíritu, chorizo o Nocilla. Y todo eso es rotundamente falso. Los hindúes lo saben y llaman al mundo maya (ilusión), la apariencia nos confunde, lo que creemos saber es engañoso. Por eso no sabemos explicar racionalmente  el placer de mojar los pies en la orilla del mar. El hombre moderno vive en la escisión entre dos polos, pensamos en términos opuestos, cuando lo importante es la infinita gama de tonos grises entre el blanco y el negro. Quizá ahí estén los momentos buenos de una vida, los únicos que importen. Así que busca tu sitio,  y disfruta del mundo, en cuerpo, alma y mente... total... vas a diñarla pronto. Siempre demasiado pronto.


Hola, me gustas, ¿follamos? o el orden natural de las cosas.



Me gustó y sin presentarme le dije: "Hola. ¿Follamos? Vivo aquí al lado". Estuvimos fornicando y chupándonos unas cinco horas. Sólo parábamos para ir al baño, traer cervezas frescas de la nevera y poner discos. Cuando se marchó le insinué con suavidad que quizás podíamos ir de bares esa misma tarde, que acaban de abrir un garito nuevo con música en directo. Me la jugaba a cara o cruz pero... ¡aceptó! Nos emborrachamos y en el último bar, jugándome el todo por el todo, la besé en los labios, con un poco de lengua, qué leches... Quedamos para tomar un café tranquilo, pasados los días de rigor, claro. No hay que parecer impaciente. Hablamos de Berlín, música y libros entre pasteles de chocolate y azucarillos. Le acaricié ligeramente el pelo, ya sabéis que hay que arriesgar a veces. Todo bien, de momento. Al final del café, y en un nuevo acto heroico, le pedí el móvil. Como el que no quiere la cosa. Me miró a los ojos un instante ¿sorpresa o pose? y... ¡me lo dio!. Sí, señor. Muy bien, campeón. Nos besamos de nuevo, pero esta vez un beso suave en la mejilla, con cierta timidez. Estas cosas van poco  a poco. El siguiente fin de semana, Carlos inauguraba su piso y daba una fiesta. Así que me armé de valor otra vez y la llamé. Yo estaba muy nervioso pero no quería parecer ansioso. Al principio no me reconoció, lo cual me desanimó pero pensé que igual era su cuota de "naturalidad". Vaya, ese día tenía el cumpleaños de una amiga... pero aun así... ¡vendría a la fiesta en casa de Carlos! Cojonudo. Esto pinta bien, amiguitos, aquí hay tema... Me puse mi camiseta preferida ese día. Nada de camisas, después de 12 años de traje y corbata diarios, les he cogido asquete. Al llegar me pareció vislumbrar una preciosa melena color caoba en la terraza. Me acerqué con un oporto frío en la mano y toqué su hombro desnudo. Cuando se giró la miré a los ojos... ¡qué mujer más interesante! -pensé. Le pregunté su nombre e iniciamos una conversación. De lo más trivial.


Que te den por cool.







Moderno sentado en la plaza de moda con litrona recién salido del Zara (sección grunge).



  • Zapatillas Converse: 110 €.
  • Camiseta Custo: 70 €.
  • Pantalones topecool de la India hechos de cáñamo piojoso en taller súperartesanal: 100 €.
  • Chupa cuero Chupamelá: 220 €.
  • Gorrito chorra Stradivarius: 20 €
  • Pañuelo ecológico. De comercio solidario, por supuesto: 45 €.
  • iPhone moderno de mierda: lo que valga.
  • Pulsera de hippi hecha en Vietnam por la tribu Chorrapina: 20 €. Ahí todo guay.



Total: 700 € (sin contar gafas de pasta).
Y sé que  no has oído a Lou Reed aunque lleves su chapa comprada en NY. Te gusta la música disco y das por cool.







La suavidad de los días, el brillo de las noches.



Abres los ojos con la primera luz del Mediterráneo. Hace días que no tengo reloj,  el cuerpo ya se mueve a su propio ritmo, como un animal tranquilo. Con un leve giro de cabeza ves su pelo sobre su espalda desnuda. El mar se despereza mientras hueles el café como si fuera la primera vez. El agua azul y verde de la cala. Luego, la brisa de la ventana sobre las pieles sudadas tras duro combate entre las sábanas. Martinis sin prisas y un sombrero de paja. Rosas robadas sobre la mesa. La espuma de las olas y la sal. Después te dormirás en la playa mecido por la última luz del atardecer. Ella toca la guitarra mientras adivino el resplandor del faro que anuncia la noche. Veo una estrella fugaz y pido un deseo. Días tranquilos; noches suaves.