Gentrificación: proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo a la vez que se renueva (Wikipedia-wiki-wiki).-
Una de las cosas de las que estoy más orgulloso es de haber nacido en la parte vieja de mi ciudad. Ya sé que eso uno no lo elige, pero estoy contento de estas calles. Eso imprime carácter, como los jesuitas. Si quieres conocer una ciudad, emborráchate en sus bares más antiguos. Otros te dirán que visites sus museos; a tomar por culo los museos. No sabes nada sobre arte y vas a un jodido museo. Claro que luego puedes fardar por ahí. Es que a mí me gustan los impresionistas. Claro. Qué bonito el museo d'Orsay ¿verdad? Ni te acuerdas de lo que viste, cretino/a. Sigamos, que me disperso. Las calles en las que naces cambian. He vivido en Madrid y Barcelona varios años... pero ¡ay!, mis callecicas de lo viejo. Mis calles -mías, Fraga, entérate-. Así que uno siempre vuelve a ellas. Siempre vuelves, tarde o temprano. Para rastrear tu infancia, para buscar a las chicas que no volviste a ver, para emborracharte, para recorrer librerías, para charlar tomando cafés largos y sin prisa. Y uno las ha visto cambiar mucho. Sus encantadores yonkis -con más hueso que futuro- como profetas iluminados arrastrándose con su chándal, su bollo y su lata (que ahora vuelven, por cierto, debe ser la crisis y tal), tu primera bici que frenaba con el pedal hacia atrás, los ultramarinos donde comprábamos Panteras Rosas de críos, los parques en donde jugábamos -soy de la última generación que jugó en la calle- , mercerías de las que ya no quedan (molaban las fotos de tías en ropa interior), las primeras erecciones cuando tu vecinita se sentaba a horcajadas sobre ti, los secretas sacando las pistolas. Coches ardiendo. Cualquier puto crío distinguía a los Clash de los Pistols con doce años. Todo realmente entrañable.Todo muy constructivo. Ves gente a la que no veías desde hace veinte años... y aún los reconoces. Qué viejos ellos, qué viejo yo. Basta de batallitas.
"Cuando era joven quería vivir en una ciudad grande.
Cuando perdí la juventud quería vivir en una ciudad pequeña.
Ahora quiero vivir".
Angel González.-
Pero una cosa sí ha cambiado mucho, y es que... amiguitos... ya no quedan bares de rock. Apenas. Ahora ha llegado la gentrificación y tenemos bares modernukis. Con lamparitas guays, revistas de diseño para su lectura y consulta en plan estupendo (supongo que debes poner cara de estar en el rollo sobre el último grito en moda nórdica para el hogar) y música chill-out. Los pelmazos del vintaaaage. Lo dicen así, alargando la a. Tócate los cojones. El feng-shui que disimula su mierda de vida contra el pintxo de tortilla y una buena sidra que te la alegran. No queremos gastrobares, queremos tascas de taburete y serrín. Y un chupito hierbas desparramado por los dedos y brindado a tu salud. Te relames la punta del dedo corazón, la auténtica sangre de Cristo, la celebración de la Vida. Creo que no hará falta que hablemos de las ya hace tiempo inexistentes tiendas de discos; eso da para otro post. Así que uno tiene que refugiarse en esos cuatro baretos que aún resisten con sus barflys canosos y barriguillas (lo mismo estoy yo incluido) y tirando a perdedores, con su colección de CD's polvorientos (el espotifay es unamodernez), sus camareras que eran unos bollycaos... hace veinte años, claro. Ahora se pasean con dos niños y están gordas. G.o.r.d.a.s; ya sé que no es políticamente correcto. Otros somos malas personas, lo que es peor. Hala, ya está. Corrección política en el blog de al lado. Supongo que el tiempo no espera a nadie y donde antes había una tasca, ahora hay una galería de arte toda cool. Donde antes había una cuchillería, ahora una boutique. Oui, oui, ya sé, ya sé. Que si no fuera así, las partes viejas de muchas ciudades se habrían convertido en ratoneras. Chueca, el Born o Malasaña por ejemplo, estuvieron a punto de serlo -alguna de ellas lo fue definitivamente- y los modernos o los nuevos inversores las salvaron de alguna manera. Mundos aparte, Lavapiés y Raval tienen su propia idiosincrasia. Tiempo atrás, Barrenkalle en Bilbao y Calderería en Pamplona. Que es el precio que hay que pagar, que mejor una tienda delicatessen que una bajera (que decimos por aquí) cerrada. Lo sé... el paso del tiempo, que tampoco me quiero hacer trampas en el solitario. Pero que uno tiene su corazoncito a pesar de la pose de malo y tal -es eso, pose, que yo soy un chico muy sensible- y se acuerda de cómo eran las calles antes. Sin más. Que no quiero daros la tabarra tampoco.
"Cuentan los hombres dignos de fe ..." , bueno, así empieza un cuento de Borges, magnífico y cortísimo, que me sabía de memoria de jovencito. Cuenta la leyenda, digo, que cuando un general romano entraba victorioso en Roma tras una dura campaña bélica, la multitud le aclamaba y vitoreaba en las majestuosas avenidas, otorgándole riqueza, honor y fama para la posteridad. El mundo estaba a sus pies. Caer en la soberbia estúpida era fácil. Sin embargo, los romanos eran unos andobas pragmáticos y llenos de doctrina estoica, al menos los mejores de ellos. Así pues, disponía la tradición que un tipo, generalmente un sencillo esclavo sin ningún boato, se colocara detrás del general victorioso durante el glorioso desfile y le susurrara continuamente al oído: "Memento mori, memento mori, memento mori...". Recuerda que vas a morir. Sencillo. Brutal. Puro. Me estremece el susurro del esclavo que sólo aquel general podía oír en medio del ruido ensordecedor, el ruido del mundo. El mismo ruido alienante de nuestro tiempo.
Cuando sea un viejecito, ahí seguirá. Ya veremos si le añadimos más adornos con el tiempo.
Recuerda que algún día dejarás de existir. No caigas en la arrogancia. Vanidad de vanidades, dice el Eclesiastés. Carpe diem es la versión, un poco más light, de Horacio. Disfruta la Vida mientras puedas... que dicen los compadres en los bares. Algo así como escribir en un papel diez cosas que quieras hacer (o volver a hacer) antes de morir. No importa qué cosas, cada uno tiene las suyas, personales e intransferibles, mágicas e íntimas. Las oportunidades no vuelven. O tal vez lo hagan en contadísimas y muy preciadas ocasiones. El tiempo no espera a nadie, dicen los ingleses. Tempusfugit en todo caso. Así que cuando no sepas qué decisión tomar, recuerda que vas a morir pronto. Es más tarde de lo que crees. Todo, absolutamente todo, te será más sencillo. ¿Qué importa que fracases, qué importa la vergüenza, qué pierdes con intentarlo? Sólo un necio puede pensar que no es una frase vitalista, rebosante de VIDA. Mírate mañana en el espejo ¿así es como quieres vivir el resto de tu Vida? ¿Vas a morir sin decir cuánto quieres a la gente que quieres? ¿No vas a enmendar ese error aunque sea diciendo "lo siento" a tal persona?
La aguja y la piel.
Así que había pensado escribir un sesudo post sobre el porqué de este nuevo tatuaje, mi tercero. Con él inauguro ciclo vital y cronológico: la cuarentena. Pero he caído en la cuenta de que debería comenzar ese hipotético e ilustrativo artículo hablando, por ejemplo, de cómo deslizo la yema de mi dedo índice por la curva de la cadera de Anne mientras duerme. O hablando sobre lo pequeños que se ven los pueblos entre los valles verdes desde la cima del Irumugarrieta una mañana de primavera tan azul que hiere. O de lo que siento al abrazar a mi madre y sentir su dulzura infinita. He pensado que también debería hablaros en ese supuesto post del ángulo de ondulación exacto del mechón del pelo color caoba de Miren sentada en la primera fila en el primer curso de la Universidad; hace veintidós años de esto. O de la noodinámica de Frankl, o de cómo presentí -la única vez en mi vida- la muerte rondando en la habitación de la residencia de Esperanza una tarde de verano; murió al día siguiente. Quizás debería mencionar en ese futuro post algo sobre cómo el mar se tiñe de naranja con el primer rayo de sol al bañarme desnudo en el Mediterráneo o sobre aquel paseo en barca en el Tiergarten. O cómo escuché en completa soledad el canto de los monjes gregorianos en un monasterio en plena oscuridad en un viaje catártico, solitario, sin destino y finalmente fructífero. Me vería también en la obligación de hablaros de los momentos en que he herido a algunas personas, con la palabra, la acción o la omisión, y eso se me haría duro, claro. Veo que debería también hablar de mis errores, porque si sabes que vas a morir algún día, no debería repetirlos jamás; al menos, no los mismos. Debería escribir algo en ese post sobre llamar personalmente a personas que he herido y pedirles perdón. Para seguir ilustrando el porqué del tatuaje, también debería comentar algo sobre una madrugada de bares por Montmartre, sobre cómo las aguas cálidas de Iguazú caían sobre mí empapándome el cuerpo y el alma en mitad de un sonido atronador. O sobre alguna llamada telefónica inesperada a las cuatro de la tarde o sobre cómo se siente el latido del corazoncito de un gato recién nacido o, incluso, si me veo apurado, sobre cómo retumbó el suelo al primer acorde de "Birth, school, work, death" de los Godfathers en el Apolo del Paralelo. También podía mencionar la noche que vi La Bohème en la Staatsoper de Viena. No podría dejar de hacer referencia también, en ese supuesto post, a las personas extraordinarias que de vez en cuando han caído en mi vida, aquí y allá, como pequeños milagros que casi nunca he merecido. Hablaría de las puestas de sol en el Algarve, de Pamplona en un 6 de julio a las 12 del mediodía con una botella en una mano y una chica en la otra o del pneuma de los griegos. No se me olvidaría hablar tampoco en ese post -todavía inexistente- de la vibración exacta de la cuerda pulsada al aire antes de tocar el primer acorde de "Angie" en La menor en una guitarra acústica desnudo en la cama con una chica y una taza llena de fresas. Debería hablar también, por supuesto, sobre mis notas al margen escritas hace casi veinte años en mi ejemplar de "Sobre la brevedad de la vida" de Séneca o escribir algo también sobre lo orgulloso que me sentí al aprender a mecanografiar a 190 pulsaciones por minuto después de haber tenido dos secretarias, dos. Uno de mis mayores logros. Lo digo muy en serio. Debería mencionar la sorpresa en unos ojos al levantarse de madrugada para coger un vuelo inesperado a París para desayunar croissants en los Campos Elíseos o de alguna noche loca por los canales del Barrio Rojo de Amsterdam. Debería mencionar en dicho post algo sobre mandar a la mierda un trabajo por el que se matarían millones de personas; debería hablar sobre beber agua fresca de una fuente de la Plaza de Recoletas de las manos fuertes y protectoras de mi padre siendo el niño que una vez fui. Debería escribir en ese supuesto post un puñado de cosas más. Debería...
Así que he pensado que iba a ser demasiado trabajoso escribirlo realmente y no lo haré. Además, tampoco importa tanto por qué coño un tipo que tiene un blog se ha tatuado eso en el antebrazo. Y tampoco voy a explicárselo al que no lo entienda.
Film protector 48 horas y las guitarras de Anne.
Eso sí, quiero recordar a menudo que voy a morir algún día, para que cada pequeño detalle de mi Vida la convierta en un hermoso viaje o para no equivocarme demasiado a la hora de sacar a relucir mi orgullo estúpido. No quiero olvidar las cosas importantes de la Vida, como aquellos generales romanos. Quiero ser un mejor tipo. Y desde luego, quiero ser siempre fiel a mí mismo, cueste lo que cueste. Quiero que todo esto sea un hermoso viaje pase lo que pase.
Como buscar perlas entre la mierda sin perder nunca la fe. Eso, jamás.
Porque tal vez este sea el mejor consejo que nadie te pueda dar jamás: recuerda que vas a morir.
The following is a true story, only the names have been changed to protect the guilty /
La siguiente historia es verdadera, sólo se han cambiado los nombres para proteger al culpable.
AC/DC "Ain't no fun (waitin' round to be a millionaire)".-
Creo en doscientos kilos de hierro y gasolina.
Creo en recorrer de madrugada los polígonos industriales del extrarradio mientras tú observas con los ojos abiertos de espanto el techo de la habitación. Con un hombre muerto roncando a tu lado. Creo en planificar poco y vivir mucho. Creo en las cicatrices del alma, creo en los besos suaves. Creo en los tipos duros que tragan saliva. Creo en mis dedos buscando en tu entrepierna mojada y caliente. Creo en recorrer al amanecer las avenidas vacías
mientras alguien desvelado se jura por sexta vez que hoy lo hará.
Por eso yo creo en quienes buscan hoy sin importarles qué van a encontrar mañana.
Y se enfrentan a lo que venga.
Creo en hacer kilómetros en soledad yendo a ningún sitio, buscando nada.
Creo en la frase que alguien me dijo una tarde de otoño.
Creo en las luces de los semáforos cambiando de color al anochecer de un día de verano.
Creo en gasolineras con cafés abiertos 24 horas, en descubrir qué hay detrás de la siguiente curva, después de la siguiente loma. Creo que en las señales del camino hay más verdad que en las iglesias.
Creo en el viento frío en mi cara.
Creo en Bon Scott.
Creo que el asfalto es menos duro que el desamor. Creo que una caricia es más fuerte que un golpe.
Creo en los hombres buenos sólo cuando naufragan. Creo en los hombres malos siempre porque ellos están seguros. Creo en rodar bajo las luces de neón de un boulevard desierto mientras tú te preguntas por qué lo hiciste, mientras tú te preguntas por qué no lo hiciste.
Creo en rodar bajo un cielo estrellado y también creo que una de esas estrellas es mi hermano muerto.
Creo en levantarme antes del amanecer y en ese pestazo a gasolina de 95 octanos.
Y creo en todo esto porque creo que la Vida es un viaje, no un destino. Creo en las cruces al borde de la carretera. Creo en la angustia de tipos con corbata metidos en un atasco a las ocho de la mañana.
Creo en el ruido de la caja de cambios en el momento exacto en que engranas la tercera marcha. Justo en ese instante preciso.
Creo en la tristeza de los camiones bajo la lluvia en un área de servicio.
Creo en compartir una cerveza con un hombre desesperado en un bar de carretera. Y creo en el miedo y creo en el éxtasis. Pero no creo en engordar un curriculum, creo en coleccionar momentos.
Creo en los perros muertos del arcén mientras tú das el beso de buenas noches a tus hijos y los temores se agolpan en la puerta de tu alma un martes a las 22:57 h. Sólo están haciendo tiempo para entrar.
Creo que un día voy a morir.
Creo en la mirada serena del hombre justo. Creo en las historias que cuentan sobre el kilómetro 73.
Creo en válvulas y pistones y discos de freno, creo en mi corazón bombeando sangre y aceite y trocitos de luna.
Creo que mañana no será mejor.
Pero también creo que mañana el dolor no será peor.
"Huelen el miedo de la calle, saben qué hacer con un poco de humo, sólo es un globo gigante deshinchándose... Se escuchó un tic-tac en el séptimo cielo".
Quique González, "¿Dónde está el dinero?"
Lenta pero inexorablemente todo se va cumpliendo. Que yo no quiero asustar a nadie... Sencillamente os traslado lo que vaticina un periodista económico de El País, Ramón Muñoz, en un reciente libro. No quiero amargar el día a nadie que lea esto, así que si te sientes algo depre hoy o no estás en tu mejor momento, puedes dejar la lectura de esta crítica para otro día. O no leerla nunca. Si es así, al libro en cuestión ni se te ocurra acercarte. También hay algunas entrevistas con el autor en Youtube, así te ahorras este pequeño tocho mío, si quieres. Empecemos.
"España, destino Tercer Mundo". Ramón Muñoz. Edit. Deusto, 2012
Todo lo que te han dicho es mentira. Esto no es una crisis cíclica de unos pocos añitos, no es una fase pasajera. Esto es el fin de cincuenta años de relativa prosperidad, esto es una depresión en toda regla y esto va a durar dos o tres generaciones, hablamos de decenios. Con un estilo más periodístico que académico, cosa de agradecer, el autor se basa en algunos datos fundamentales para hacernos ver lo que se nos viene encima. España no podrá pagar la deuda, a España no le va a ayudar Europa -no existe tanto dinero para salvarla porque los votantes europeos no van a poner la pasta- y España no tiene forma humana de recuperarse porque produce... nada. Ya ni siquiera el sol y playa enriquecen el tejido económico. La burbuja inmobiliaria no ha sido causa de ninguna crisis; la burbuja -en la que millones de personas han querido participar, no sólo los malos- constituye la última etapa de unos años locos de cierto bienestar, había que apurar la vaca mientras tuviera algo de leche. Ya no hay nada de nada. Ya no hay agricultura, ni pesca, ni industria pesada, ni tecnología, ni investigación. Las empresas que subsistan se deslocalizarán todavía más, España será un país low-cost con trabajos basura. Vale, el sector servicios ¿y a qué estructura vamos a dar qué "servicios"? Andalucía ya ha acordado garantizar tres comidas a los escolares más pobres. En mi orgullosa Comunidad, uno de cada cinco menores está ya bajo el umbral de pobreza. ¿Quién habría pensado esto hace tan sólo dos o tres años? Le habrían llamado loco. Pero esa realidad YA está aquí.
Los recorte actuales, un aperitivo de lo que vendrá.
No voy a entrar en los (pocos) tecnicismos del libro: salida del euro, corralito, devaluación, corrección vía precios... No asustarse, que diría Lola Flores. Hablemos de cosas más comprensibles. Os lo resumo en los diez puntos que me he hecho tan ricamente.
1.- Desaparecerá la clase media. Seremos como la mayoría de países latinoamericanos. Una élite escasa y muchos pobres.
2.-Salarios de subsistencia. Ojo, el que pierda el trabajo hoy, no volverá a trabajar o lo hará por la tercera parte o la mitad del salario que disfruta ahora.
3.- Pensiones asistenciales. La población activa sólo podrá "asistir" las clases pasivas. De hecho, la hucha de emergencia de la Seguridad Social, ya se ha empezado a vaciar.
4.- Servicios sociales de caridad. La educación, la sanidad,... serán un pálido reflejo de lo que conocimos. Los recortes que conocemos son sólo el principio.
5.- Emigración de los jóvenes que puedan hacerlo. El resto de las nuevas generaciones (ninis) tendrán más opciones: o la delincuencia o la indigencia. Ni siquiera vivirán igual que sus padres, sino que "subsistirán" como sus abuelos en los años cuarenta o cincuenta.
6.- Devaluaciónde la moneda ("la nueva peseta") un 50%, acompañada, claro está, de inflación galopante porque el ajuste se hará vía precios. Tus ahorros en el banco "valdrán" la mitad tras un periodo de corralito. No sueñes con que tu nómina, si la tienes, vaya a aumentar.
7.- Desemplono alto sino masivo, persistente e irresoluble.Si tienes más de cuarenta será difícil que vuelvas a trabajar. Si hoy eres mileurista y conservas el empleo, eres de los más afortunados. Funcionarios eventuales, rezad.
8.- Inutilidad de las instituciones. El Gobierno nacional, las Administraciones, el Banco de España o eso tan bonito de "Europa" no son más que grandes decorados de cartón-piedra que nada pueden/quieren hacer. Creo que no hace falta que hablemos de la corrupción, la mentira de los programas electoralesy la escandalosa puta codicia. Tampoco de la impunidad política y penal de sus responsables. El Tribunal de Cuentas es un chiringuito. Y, advierte el autor con datos, mucho ojo con el Fondo de Garantía de Depósitos, por ejemplo, porque el ejecutivo le ha metido mano para financiar a los malditos bancos.
9.- Continua manipulación de la realidad. Debes entender lo contrario de lo que te digan. Échate a temblar cuando oigas lo de "lo peor ha pasado", "ahora empezará la recuperación". Es mentira. El gobierno, los servicios de estudios de los bancos, los think-tanks, las estadísticas y los partidos... ocultan conscientemente la realidad, alteran los hechos para no comunicar la verdad sobre los desmanes cometidos y ocultarnos lo que nos espera. Como ejemplo, la dejación de funciones supervisoras de todo un Banco de España respecto a las Cajas o el robo de las Preferentes y productos similares que las sustituyen como pagarés.
10.- Inseguridad ciudadana, hacinamientos urbanos. Se dispararán los delitos, los grandes cinturones de las ciudades serán enormes barriadas en donde será peligroso incluso entrar. Muñoz compara la situación con la vivida en Argentina en el año 2.000 y que todavía dura. Los cirujas, parte del paisaje urbano allí,que van pinchando las mismas bolsas de basura en sucesivos turnos, serán comunes en nuestras calles.
¿La solución? No existe solución.
En definitiva, un cambio del mundo tal y como lo conocemos. España ingresará en en Tercer Mundo. ¿Apocalíptico? Y es que el mundo está al revés... hasta el epítome de la doctrina capitalista y "socio" de la Troika, el FMI, pide... ¡moderar los recortes en España porque dañan la economía ! Vienen más recortes a final de mes, mirad cómo está poniéndose la cosa en Portugal o Chipre, en España hay una familia puesta de patitas en la calle cada quince minutos, no se cumple -ni se cumplirá- ni uno sólo de los mensajes tranquilizadores del gobierno, y menos de sus previsones, Bruselas reclama más contundencia en los ajustes, no hay acceso familiar ni empresarial a la financiación... En algunos aspectos, España ya es un país parecido al Tercer Mundo actual. Y si pensáis que el autor mantiene al final cierta esperanza, ya os podéis ir desengañando. Ni doctrina keynesiana (sólo útil si hay acceso al dinero), ni recortes (paradoja de la austeridad: más recortes, más pobreza sin crecimiento o bien por cada euro que se recorte, se decrece en dos, no en medio como "se pensaba" ), ni Krugman (modelo bonito pero irrealizable), ni rescate, ni buenismo sobre el género humano ( menciona a Niño Becerra, habla con cariño de José Luis Sampedro pero poco más). Esas historias de "alguien hará algo finalmente" no sirven ya aquí. Su conclusión es más sencilla: no hay solución a este panorama. Sólo una revolución sangrienta podría cambiar las cosas. Se cuestiona el autor si ha habido algún cambio de paradigma social radical sin sangre alguna vez. Y nunca lo ha habido. Así de fácil. Pero aquí no se producirá ya porque estamos demasiado domesticados por cuarenta años sucesivos de creciente bienestar. Nos han vendido la idea de que éramos de los 8 Grandes (Aznar) pegando el pelotazo con la liberalización del suelo, o que nuestro sistema bancario era el mejor del mundo (ZP), hemos tenido Planes de Infraestructuras que ni en Japón, proyectos de vulgares y rancios caciques autonómicos megalómanos en donde dilapidar el dinero de todos... Y no esperes que los medios de comunicación que todos conocemos (tertulianos y demás ralea) cuenten las cosas como son: pertenecen a los bancos y son esclavos de los políticos. Lo que nos espera va a ser muy duro y duradero. Pero a fin de cuentas, ¿no ha subsistido así la mayor parte de la humanidad desde hace siglos? ¿No sigue subsistiendo precariamente la mayor parte del mundo aún hoy? ¿No se ha vivido así en este país hasta hace dos o tres generaciones? Pues ahora nos toca a nosotros. Definitivamente nos vamos a tomar por el culo. Suerte.
"Para nosotros, los vivientes, el problema es cómo encauzar el tiempo cultivando un estilo del alma. No forzar el tiempo, como hacen los débiles, porque eso hiere y entristece, sino encauzar sus ritmos y aprovecharlos". Lawrence Durrell, "Balthazar".
Y el que tenga un amor, que lo cuide y que mantenga la ilusión. Porque la Vida es una baile de ilusiones y el que no baila, está M-U-E-R-T-O. Ariel Rot, "Baile de ilusiones".
De kyklos, rueda. A través del latín, cyclus, círculos. Ciclos. Económicos, biológicos, geológicos, políticos, bursátiles, astronómicos, deportivos, profesionales. Por supuesto, personales y vitales. A veces no somos capaces de verlos, ocultos entre prisas, facturas y domingos. Pero en ocasiones puedes apreciarlos con meridiana claridad, te asaltan en el momento preciso en que sabes que acabas un ciclo y empiezas otro. Decía Schopenhauer que el hombre se mueve entre la necesidad y el tedio, o algo parecido. Es que lo leí hace mucho, cuando confiaba en la reflexión y el pensamiento y no en el Acto. Si se materializa el deseo, aparecerá el tedio tarde o temprano. Si no conseguimos lo deseado, es la necesidad la que hace acto de presencia. Es posible que sea así. Puerca vida. Nos movemos entre esos dos extremos. En la vida laboral, en la vida de la jodienda, en la vida amorosa,... en la Vida. Los ciclos siempre. Y la felicidad acaba dependiendo de si eres consciente de en qué parte de tu ciclo vital estás. O de cómo te buscas la vidilla para saltar de uno a otro. Saltar con más o menos arte, con más o menos pérdida. Y a veces, como digo, entiendes con una lucidez extrema la sucesión de dichas etapas en tu Vida. Y si sales más o menos bien parado de un ciclo -no en exceso magullado, quiero decir- y el nuevo que inicias pinta mejor, eso es la felicidad. ¿Y qué tiene que ver esto con Ariel Rot? He visto a este tipo tocar en cinco ocasiones. A lo largo de unos veinte años. Con tres mujeres diferentes, en tres ciudades distintas. Tenía tres trabajos diferentes. ¿Sigo siendo el mismo? ¿Era yo otro? Rimbaud decía que yo es otro. Je est un autre. Así que hace nada tuve la exacta percepción de cómo ha ido mi vidilla en este tiempo, de mis propios ciclos. Hacía mía cada canción, entendía perfectamente cada frase, cada palabra, cada historia de aprendices de canalla, amores rotos, chicas malas o buenas (las de en medio no interesan), soledades, chicos duros que lloran, caricias, lágrimas, abrazos, pérdidas de nuevo, frustraciones y esperanzas, polvos locos, besos robados.... bla... bla... bla... lo habitual. En pleno concierto, cambié de ciclo. Gracias, Ariel. La cerveza también me ayudó a ver la luz, claro. Pero la vi, en serio. Análisis de coste-beneficio emocionales del alma, no en hojas Excel. A veces la sucesión de las cosas sólo cobran sentido cuando miras hacia atrás. Por más confuso que te sintieras cuando ocurrían, sólamente tiempo después descubres que era así como debían ocurrir exactamente para llegar adonde estás ahora. Esta es tu Vida. No hay que juzgarse sin tiempo que escribió Benedetti. Está saliendo un post llenico de citas y tal. Todo cultureta que se pone uno. Ciclos que aparecen delante de tus ojos cobrando pleno sentido cuando menos te los esperas. Sentimientos y recuerdos buscando como lobos el corazón para darle mordisquitos. Pues eso, que me apetecía contarlo. Felices ciclos. Felicidad para todos.
Sleep with one eye open, grippin' your pillow tight.
Exit light, enter night. /
Duerme con un ojo abierto, agarra fuerte tu almohada.
Luces fuera, llega la noche.
Metallica, "Enter Sandman".
Exclusivamente a la atención de los que se sientan aludidos.- Ellos saben quiénes son.
Estoy a favor de la
crisis. Hasta sus últimas consecuencias. Con todo rigor. Con perseverancia.
Tan a favor que quiero que os arrastréis por medio kilo de arroz
podrido. Tan a favor que quiero que tengáis que trabajar casi gratis para esa
cajera del DIA, ecuatoriana, humilde, con menos oportunidades que vosotros -y a
la que despreciabais habitualmente- para que os consiga un poco de pan duro
en el mercado negro. Quiero que tengáis que dejar a vuestra familia idiotizándose delante de la televisión mientras salís a la noche armados con un
machete para pillar unas patatas sucias. Nadie os asegura que vayáis a volver... Marina d'Or, ciudad de vacaciones ¿recuerdas? Tan a favor de la crisis estoy como que os deseo que tengáis que acercaros a un bidón
ardiendo en compañía de gente que se ha orinado encima y descubráis que son
mejores que vosotros. Moral, existencial y éticamente mejores.
Quiero que el diferencial del bono alemán a diez años hunda
a Europa en la miseria. Para que tengáis que suplicar por un poco de comida, la
suficiente como para salvar la vida a un niño de 3 años en cualquier país perdido de África, hoy
10 de abril de 2013. Para que el golf y ese spa de Benidorm (es que encima
sois cutres) sean un recuerdo lejano de una vida que tuvisteis y que os
parecerá un sueño retorcido cuando tengáis que luchar para proteger a vuestra
mujercita de una panda de adolescentes (losnegratasesos
que decías tú torciendo la boca) de favela colocados con pegamento. El pegamento que utilizan para olvidar la
vida que nunca tendrán. Puedes preguntarles entonces por los papeles. Es que en
Brasil ya se sabe... Entenderás entonces la mirada de dolor y humillación de los obreros búlgaros a los que casi esclavizabas a cambio de alojamiento y comida. Estoy tan a favor de que el Banco Central Europeo
(de aquí en adelante, BCE, chavales) no compre deuda soberana como para que
tengáis que vender elAudisacado
a base de horas extras de vuestra secretaria y/o/u colaboradores, qué bonita
palabra, a cambio de un poco de penicilina. Qué mal aspecto tiene esa pierna... No mejor que el aspecto de tu mujer ahora; ya no le grita a la peluquera por no
haber acertado con el tono de tinte. Tan a favor de que el BCE (lo que decía
antes) no inyecte liquidez en dólares a través de subastas extraordinarias como
para que esa rumana que os follábais en el puticlú entre amigotes y Montecristos os resulte un
recuerdo más dulce que la sonrisa del imbécil de vuestro hijo cuando le
conseguisteis la plaza en esa universidad tan buena a cambio de una "generosa aportación
complementaria" quitándole la plaza a quien la merecía.
En vuestro caso, estoy a favor de la crisis.
Y sé que no sois uno ni dos, sois cientos de miles. Puede que millones en este país.
Ez dira betiko garai onenak... Udaberri berririk ez guretzat... / Los mejores momentos no duran siempre... No habrá nuevas primaveras para nosotros... Hertzainak, "Aitormena"
Luis y Marina llevan juntos veinticinco años. O cincuenta y seis años o ciento treinta años. O noventa décadas. Ya no importa. Luis y Marina no hablan. Para qué. Intercambian más palabras con el camarero que entre ellos. Él, Soberano; ella, un mosto -con aceituna o guinda o lo que tengas, Charo-. Luis mira el fútbol, Marina no mira nada. Pasan el tiempo. Marina, de niña a vieja, entre manantial y ceniza. El tiempo, las penas, las canas. El cartón-piedra del teatro conyugal. Los hijos, claro. Siempre los hijos. En casa, las sábanas llenas de silencio y óxido. Zapatillas grises sobre un parqué estropeado. Hace quince años que habría que haberlo arreglado, hace quince años que habría que haberlo arreglado todo. Ahora, ni tartas, ni cascabeles, ni brillo en los ojos. Cada abril, una película mala en una sala de cine solitaria; cada invierno, un entierro. Luis y Marina ya no se acarician. Para qué. Marina se mira en el espejo del bar. Sé que Marina llora detrás del espejo del bar. Luis coge un palillo y se hurga las penas con rabia. Escupe entre dientes un trozo de esa rabia triste mientras Marina se acaricia el pelo muy despacio. Marina recuerda que fue joven. Recuerda a Luis amándola con dulzura. Luis ¿Qué Luis? Gol en la televisión. Luis tuerce el gesto y recoge su chaqueta. Luis siempre fue un hombre bueno pero Marina piensa muchas cosas que no dice. Y nunca las dirá. Para qué. El invierno será muy largo para Marina y Luis.
Desearía ser un pescador, meciéndome en los mares,
lejos de tierra firme y de sus amargos recuerdos".
The Waterboys, "Fisherman's blues".
Que dice Camilo que le van a ir dando por culo al ayuntamiento, que ya ha conocido no sé cuántos planes urbanísticos. Las Olimpiadas y trece más. Anne me envía a comprar hilo blanco y alfiler variado a la mercería del mercado. Atentos: una mercería y un mercado. Como Dios manda. Siempre me han gustado los mandaos de una mujer; marcan el ritmo de la Vida. Buscar una mercería en pleno siglo XXI es como volver a las calles en las que jugabas de niño. Droguerías con olor a aguarrás y peluquerías de hombre, hombre. Anne aprovecha...-y la pechuga, fileteada... que el otro día la trajiste entera-. Mira que te lo dije. Y mejor que no te niegues a hacerlo... Así que, a la que puedo, me desvío la primera a la derecha con mi GPS "Tasca Edition"-infalible- y me encuentro a Camilo maldiciendo entre dientes mientras me empieza a servir el vermú casero en cuanto me ve, con aceitunas gordal a un lado, claro. En fin, que aquí uno se adocena a gusto, en estas calles, quiero decir. Es como ponerse una americana vieja ya hecha a uno. Una americana ajada y pasada de moda pero tuya, con historias que sólo los dos sabéis. He vivido cuatro años en esta ciudad cuando era otra persona, quizás fuera en otra vida. Ahora voy para ver a Anne y espero encontrarme a mí mismo cada vez que doblo una esquina. Debí de dejar mi reloj enterrado en alguna playa...
Escribiendo en cualquier sitio... siempre que sea una barra de bar. Can Maño, Carrer Baluard.
En los bares de la Barceloneta no hablan inglés pero las raciones son raciones. En los bares de la Barceloneta se grita y se ven pelis de piratas a todo volumen a la una de la tarde -"Te digo yo que la santabárbara va a volar por los aires","qué bien trabaja el Tairon Pogüer en esa"-. A lo que vamos, que Camilo no se va de la Barceloneta a esos pisos pijos del ayuntamiento. Que él se morirá aquí. Y taconea el suelo de baldosa. De baldosa, sudor, esperanzas y sueños rotos hace tiempo. El Paseo de Gracia de los pescadores tristes y pobres. La Barceloneta, mucho serrín y escaso terciopelo. El arroz, negro. Espuma de cerveza y olas. Sus gatos. En estas calles las chicas con tatuajes huelen a aceite de motor. Los nietos de los estibadores cantan canciones sobre marineros que no regresaron. No es un barrio, es un pueblo en plena urbe. La ciudad borracha precipitándose al mar entre callejuelas con bragas tendidas y ropa undosa al viento color azulproletario. Luz de Mediterráno tormenta. Sabores de café y ron, aromas de brea para calafatear heridas viejas. Una bombeta con salsa picante en la Cova Fumada, con buen género del mercado de al lado, para empezar la tardenoche. Escuadra y cartabón sobre un mapa de naufragios. El salitre entre los muslos de Anne. Quieres salir de estas calles que en seguida se te entregan y te chocas con el mar eterno. Detrás de ti, el desvelo diario; delante, el infinito. La inmanencia y la trascendencia y tres cañas y dos vermús y muchos besos. Hay nubes rosas en el horizonte, la lluvia ha limpiado una tarde más las penas. Ya veo la mercería.
Los biempensantes: ellos, Barbour; ellas, pañuelito de seda al cuello. Políticamente torreznos. Los biempensantes no creen ya mucho en Dios pero siguen yendo a misa. Por tradición más que nada, no se hacen muchas preguntas. Se casan por la iglesia y de blanco virginal también. Blanca y radiante va la novia, la misma que se la chupaba al delegado de segundo en los baños de la Facultad. Tienen novias de las de toda la vida. Las buenas costumbres, ya se sabe. Dicen que les gusta la lectura pero no han leído mucho, la verdad. Algunos son gañanes con corbata, ignorantes con carrera de Derecho o así. Sus padres todavía cagaban en los sembraos. Pero he mentido: les gusta mucho leer bestsellers y presumir de que se han leído ya el segundo de la trilogía tal. Van y te la recomiendan, claro. Ellas leen novelillas de mierda y libros de mejora personal. También les gusta el deporte, juegan a pádel. Y, si han puesto suficientemente el culo, llegan a la siguiente pantalla: el golf. Los biempensantes poseen la Verdad, están en la orilla buena del mundo. También tienen teles grandes. Por supuesto, han trabajado muy, muy, muy duro y creen que se merecen más aún. La tarjeta del Corte Inglés, por ejemplo. Las marcas más exclusivas. Son entre listillos y oportunistas. Inteligencia de patitas cortas, olfatillo de perro faldero para quedar bien con el que manda, el pícaro español de toda la vida pero con iPad. Casi todos mentirosillos y ventajistas, así como de provincias. Tienen móviles guays que manejan con destreza; las fundas también son guays. Los biempensantes suelen echar papada a partir de los cuarenta y les crece la barriguita. Una barriguilla autocomplaciente y chistosa. Les hace gracia pero a las chicas a las que miran les repugna. Son babosillos en cuanto toman dos copas. Ellos, sobones y ellas, reprimidas, a veces sienten un picorcillo pecaminoso ahí abajo; en el chocho, digo. Casi siempre están tensos, ese tipo de ansiedad que mataría un buen polvo salvaje... e ilusorio, claro. Por eso se van poniendo más y más mustios con cada visita del Papa. Algunos llevan polos Lacoste y mocasines. A ellas se les agallina el cuerpo con el tercer crío y van a clases de pilates y tal. Los trapitos caros no tapan el cementerio que hay debajo. Son abogados o concejales o consultores de Accenture -mi marido viaja mucho en avión- y son del Real Madrid, claro. Como debe ser. Ellas van a peluquerías caras en 4x4 recién comprados. Un coche de más de dos años se considera una vulgaridad. Ya hemos dicho que follan poco y mal -como sus lecturas- cuando se casan entre ellos pero tienen casas grandes. Escasean los orgasmos pero tienen dos plazas de garaje. Cuando se reproducen tienen pequeñas crías con uniforme de cole a cuadritos. Pero ellos sueñan con las camareras jóvenes, hacen chistes soeces y se ríen entre ellos. Ellas sueñan con tipos con barbita, así como de cuatro días y bohemios. Después se hacen pajillas a escondidas, antes de que lleguen los niños de esas clases caras de no sé qué... En invierno esquían y en verano tienen apartamento en la playa, una monada. Así están siempre morenos, claro. Ni te imaginas lo que nos costó el suelo de Zarauz. A los biempensantes no les interesa la política por eso votan a la derecha, de toda la vida. Creen que el dinero mueve el mundo, te lo confiesan con aire de autosuficiencia. Ellos saben mucho... Saben mucho y de todo. Son cultos porque han estado en el Partenón. También les gusta el poder, bueno, el podercito. Por eso le llaman tener posición a tener un coche de marca y salir antes que tú del semáforo o a ser vecinos de algún famosillo de medio pelo o a tener un Vuitton o a estar suscritos al Diario de Navarra o así, el ABC era cosa de papá. A mí me gusta mirarles en los semáforos y sacarles la lengua. Ellos se hacen los duros -un drogadicto vago y comunista me ha provocado esta tarde, cariño- , ellas me ignoran con dignidad dieciochesca pero sé que se ponen nerviosas y algunas, cachondas. Esos ridículos pañuelos de seda al cuello, ya digo... En fin, me los quiero imaginar manchados de semen de algún amante -un amour fou a estas edades- pero es que yo soy un guarro y un malpensao. Ya sabéis. A mí me parecen divertidos los biempensantes, la verdad.
Mónica con su media melena rubia y sus tacones de modelo. Sale del baño sonriendo, se mira en el espejo del bar y se limpia el puntito de cocaína de la aleta de la nariz. Le pican las encías y el corazón. Mónica trabaja en un despacho serio por el día y bebe whisky con Seven Up por la noche. Mónica siempre te gana al futbolín. Sus parches en el culo. Lleva camisetas de Custo que marcan sus tetas duras. Baila a Nacha Pop mientras cierran el bar. Mónica te habla de arte, de libros, de los cafés de Berlín y de su postura preferida en la cama. Después te susurra cosas sobre fotos con flash en una habitación en penumbra. Luego te enseña un tatuaje. Mónica es un chupito con sal y limón entucasaoenlamía. Mónica, aguas profundas y su boca. Los domingos se levanta tarde y toma Martinis con dos aceitunas al sol de invierno. Se ríe y huele a frambuesa.
"Debido a que no sabemos cuándo moriremos, pensamos en la vida como un pozo inagotable. Sin embargo, todo pasa sólo un cierto número de veces y, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde de la niñez, una tarde que se volvió una parte tan profunda de tu ser, que no concibes la vida sin ella? Tal vez cuatro o cinco veces más. Tal vez ni siquiera eso. ¿Cuántas veces más verás salir la luna llena? Tal vez veinte. Sin embargo, todo nos parece ilimitado".
Paul Bowles, "El Cielo Protector".- " A mitad del camino de la vida..." Dante, "La Divina Comedia".
480 meses. Una carrera universitaria. Tres chicas en serio, las has amado de verdad durante varios años, lo sabes. Todavía las quieres de alguna manera con toda tu alma. Te llevaste a alguna a desayunar a París sin avisar, la Torre Eiffel abriéndose entre las nubes en el amanecer rosa desde el avión. Otras muchas no tan en serio. El otro día hiciste una lista (cabrón) y ni las recordabas a todas, esas cosas que hacen los chicos de vez en cuando aunque lo nieguen. Una bicicleta que no cambiarías por nada del mundo; le has puesto nombre propio y luces multicolor que brillan de noche. Tres ciudades, seis casas. Unos cuantos singles originales de los Rolling. Y autógrafos. Bastantes conciertos de rock; sabes que Dios te quiere cuando ocurren esas cosas como ver a Leonard Cohen o a los Ramones o a James Brown. O a Oasis o Nick Cave o Dylan o Guns and Roses. O a Lou Reed o ACDC o Dictators. Por supuesto, a los Rolling no sé cuántas veces en no sé cuántas ciudades. Pero sigamos. Bastantes aviones. Innumerables libros. Nunca estarás suficientemente agradecido por lo que escribieron los estoicos y cínicos hace dos mil años, te acompañan en momentos duros, en momentos trascendentes o vitales. Algunas medias maratones en menos de 1,45'. Unas cuantas canciones que te ponen la carne de gallina. Guardo una cajita con algunas miradas que valen una vida entera. Pocos amigos de verdad, ¿dos? Se te escaparon tres lágrimas cuando abrazaste a uno de ellos al emprender viaje a su nueva vida. 10.052 kms. Algo se muere en el alma... Un par de peleas callejeras, nada grave; hay que pelearse como Dios manda al menos una vez en la vida. ¿Para qué discutir pudiendo pelear? Otro par de veces he ofrecido cheques en blanco; sin esperar nada a cambio. También he hecho cosas mal, rematadamente mal. Habrás visto unas cinco o seis estrellas fugaces y has pedido deseos, claro. Muchos viajes, has recorrido toda Europa. Cuatro empleos, todos fijos y seguros; el último, muy bien pagado, que mandas al carajo un buen día de final de verano. Te sientas una tarde en un café del Born, sacas tu libreta y escribes "Prioridades: Tiempo y Tranquilidad". Tus dos T's. Cambias de vida, de empleo, de chica, de casa, de ciudad en un mes. Tampoco diré que fue sencillo. Decido echar al cubo de la basura para siempre el MBA en esa Escuela de Negocios tan guay. Meteos los cien mil euros anuales en el culo, quiero conservar la magia de sentirme vivo, el brillo en mis ojos. Cada vez que os metáis un billete de cincuenta en el ojete podéis hablarme de motivación, inteligencia emocional y liderazgo. Soy demasiado cabrón para seguir esa pantomima de hombres muertos. Me deshice de ocho o nueve trajes, he jurado jamás volver a llevar corbata. Ahora compro camisas extravagantes y americanas de terciopelo azul . Has prometido que tu mayor responsabilidad diaria será decidir entre cortado o con leche en el almuerzo. Y luego vas y te sacas a la primera las últimas oposiciones del mundo mundial, aspirando, coherentemente, al nivel con menos responsabilidades de los disponibles, por favor. Y te haces funcionario, qué mamón. Trabajas viendo preciosos bosques a través de una cristalera. Hueles el humo de leña en invierno, escuchas música clásica. Gano diez veces menos, soy diez veces más feliz. No quisiste esa Blackberry, no escuchaste cantos de sirenas corrompidas. Convenciones de empresa, demasiadas. Gatos, insuficientes. El desamor te ha mordido el corazón dos o tres veces; si lo hace es porque estás vivo, ¿no?. Escuece, os lo advierto, pero aprietas los dientes y se pasa con el tiempo, siempre el tiempo. De salud, bien. Hace unos pocos fines de semana echaste nueve polvos; algunos gatillazos siempre inoportunos pero te acabas echando unas risas con el tiempo; así ya no parezco tan engreído. Qué haríamos sin el eterno fornicio... Besos, incontables. Mucho amor, incluso el que no te mereces. No recuerdas ninguna desgracia... de momento. De vez en cuando, un paseo por el lado salvaje pero echando miguitas para encontrar el camino de vuelta. Aprendiz de todo, maestro de nada. Te pillan algunos chaparrones en mitad de la primavera, de esos que se secan rápidos. Dos tatuajes, una cicatriz. Bastantes botellas, y suma y sigue; el vino alegra el corazón del hombre. Pocos hospitales, muchos más bares. Un puñadito de fracasos, valiosos. Algunos baños en pelotas en el mar al amanecer. Ningún hueso roto. En general, más sonrisas que lágrimas. Más calor que frío. Y la niñez, feliz. La botella sigue aún medio llena aunque tengo pendiente oír más sinfonías y contemplar más veces la luna grande y roja. En resumen, que no ha sido sencillo llegar hasta esta precisa taza de té en el café más bonito del mundo con la mejor compañía posible ... pero ha merecido la pena. Y pronto, esa moto tan guay. Creo que lo mejor es enemigo de lo bueno y creo que hay que tirarse a la piscina de tarde en tarde, por probar más que nada. Así que esta tarde abriré esa botella y te regalaré la luna entera. Y mañana, con su permiso, seguiré haciendo lo que me dé la real gana. Ah, y no sé cuántos posts en el blog ese. Os regalo una de las canciones más bonitas del mundo. Salud.