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El Leo dice.





No hay sitio para ti.
Podías haber sido como los demás, pero has preferido no dejar de luchar,
no ser un tornillo más de esta sociedad.
No hay sitio para ti.

MCD, "No hay sitio para ti".




Leo, el Leo, no dudaría ni un segundo en abrirte la cabeza con una jarra de cerveza de medio litro, de esas de cristal grueso que pesan un huevo. Una vez en el suelo seguro que te pateaba la cabeza hasta que algún buen samaritano te lo quitara de encima; con suerte. Son las cosillas del Leo, no es nada personal. El Leo bebe cervezas de medio litro entre tacita de café y tacita de café. Para controlarse, dice, que si no se pierde ¿sabes cómo te digo?, te suelta con el mejor acento cañí. Y sácate un purito de esos pequeños, jefe. Pero esta tarde el Leo está en paz con el mundo. De momento. El Leo vive en la otra punta de la ciudad pero le gusta este bar, el ambientillo, dice. Prefiero no saber el auténtico motivo por el que viene hasta aquí. El Leo es un soldado, no sabemos bien de qué ejército pero El Leo está en guerra. Con el mundo, en general. Hay mucho hijoputa por ahí, mucho puto mierda. Y se entrena y todo, hace kickboxing up with the fly, que debe ser la hostia. Flaco fideo y nariz torcida por mil sitios, escupe entre los dientes como quien recita un soneto de Shakespeare. El Leo también cuenta que el mejor entreno es la calle ¿sabes cómo te digo? Yo le digo que sí, que sí sé cómo me dice, haciéndome el duro, la calle, descarao. Ahora está más tranquilo, hace por lo menos un par de meses que no le mete a nadie. Es que ahora no quiere problemas, me dice. Que está la mama algo chunga de tanto disgusto y juzgado. Está haciéndose viejo, aclara, con sus treinta sin cumplir. Me comenta amablemente El Leo, Don Leo, que si alguna vez me levantan la bici por la zona, que se lo diga. Eso es toda una declaración de amor. En fin, que la vida sigue entre uppercuts, sanmigueles y síseñorías. Manojo de nervios y chándal, medalla de la Virgen al cuello. Te he visto besarla en secreto, Leo. Todos tenemos miedo en ocasiones, todos rezamos de alguna manera. Leo, con su infancia de más golpes que besos; inhalando sueños en bolsas de pegamento industrial para retrasar la hora de llegada a casa. Camiseta sin mangas, reformatorio fashion. Pero el Leo es un romántico de tomo y lomo, con ese instinto primitivo pero infalible que se mama en los barrios. Mientras nos echamos al coleto unos carajillos tiene tiempo de hablarme de sus chicas. A veces presume de nena, un monada de veinte años, más pintada que una puerta y rubia de bote. La Mari, o La Vane; princesas del DIA, reinas del Bershka. Es mejor que nadie las mire mucho rato. Las va cambiando ¿Sabes cómo te digo? No hay que pillarse. A veces la chavala es del este y entonces es la Irina. Le gustan las chicas del este, son más finas ¿me entiendes? Si me las presenta no sé si darles un beso -no me vaya a zumbar- o admirar su tatu de delfín en el vientre -no me vaya a zumbar también-. Un tatu guapo, guapo, eso sí. Las trata bien, eso parece. A ellas les gusta El Leo. Le ponen ojitos cuando les acaricia el pelo. Venga, tonta, no te pongas así. Y luego les sacude un beso rápido, como un latigazo. Bon vivant de Seat Ibiza. Después, sacan entradas para la sesión de DJ de esta noche en una disco de polígono que venden en el bar. Viene un menda que es la leche, me dice. Inglés y todo. Bum-ba, bum-ba, sin parar ya toda la noche; mueve la mano en el aire. Y brillo de anillos. Lo mismo te invita a la priva que se te barniza un plasma en el Carrefour. Antes de irse tiene el detalle de explicarme cómo tumbar a un tío de un solo golpe. Habéis leído bien, de un solo viaje. Lo mejor de su técnica es que no importa la altura del otro jambo. Yo le agradezco la masterclass de urgencia, uno nunca sabe cuándo va a necesitar esos sabios consejillos. La calle está muy malamente, te lo digo yo. Ah, y que no debo perder nunca, nunca, nunca de vista las manos del otro por si te saca un pincho. Pero no le metas en la nuez, que lo puedes matar, me advierte en voz baja, como si me hubiera dado el secreto de la piedra filosofal.  Un día les dio de hostias a tres tipos a la vez. Pin, pan... pin, pan... y pin, pan. Y punto. Me cae bien Don Leonardo o Don Leopoldo, algo habrían hecho, fijo... qué ¿que no? De momento, tú ándate al loro, sé cómo encontrarte y soy colega del Leo. El Leo y la Isa empiezan el sábado noche subiéndose al coche amarillo con dados colgando del retrovisor; salen quemando goma, tumbando aguja. Escucha, Leo -antes de perderte en las venas de la ciudad que se empiezan a iluminar con luz artificial-, no te olvides, vive, ama, apura esta puerca Vida. Y haznos un último favor a todos: esta noche, quema esta puta ciudad. Y déjala arder...

Llegará inexorable la noche.




La piel se desborda a borbotones por las esquinas de la tarde.
Entre todas las canciones y todas las heridas,
entre todos los besos y todas las cicatrices,
es la piel la que nunca se equivoca.
Más tarde, vendrá la noche 
y ya no habrá vuelta atrás.

En un recodo incierto del camino,
entre la seda y el grito,
en algún punto entre el agua y la sed,
llegará, inexorable, la noche
borrando para siempre el perfume de la luz.


Palabras sólidas para tiempos inciertos.

Lust for life, lust for life, lust for life /
Hambre por la Vida, hambre por la Vida, hambre por la Vida.
Iggy Pop, "Lust for life"




Sólo hay dos tipos de escritores. 


Por un lado, los comprometidos con una actitud radicalmente vital del hombre cargado de humanidad para lo bueno y para lo malo, con personajes que son santos y pecadores a un mismo tiempo, que lloran y ríen en la misma jornada, llenos de la sencilla alegría por estar vivos y de remordimientos tenebrosos. Capaces de lo mejor y lo peor. El compromiso y la exigencia inherentes a vivir una vida de hombres. Decía Rimbaud que la única lucha que merece la pena es la lucha espiritual. Véanse Dostoyevski, Hesse, Krishnamurti, Sabato, Conrad, Nietzsche (el otro día un borreguito como el de Norit -y estoy siendo tremendamente amable- me decía que "lo leía en COU"), Greene, los estoicos -y los cínicos-, Whitman, Viktor Frankl, Dios (inspiró el Nuevo Testamento, eso dicen),  etc.... No subestiméis a Dios, cabrones descreídos: lo de la otra mejilla es el único acto esencialmente revolucionario sobre la faz de la tierra. Y cuando leáis el Eclesiastés cambiará vuestra percepción de la vida. Son autores que mantienen la fe en el hombre y en la existencia "a pesar de". Hambrientos de Vida, con mayúscula. Vale, en literatura (y en música y en perros vs gatos), soy un talibán. En estos campos sólo confío en quienes defienden sus posiciones sin matices, hasta extremos jodidamente peligrosos (fin de amistades, robar novias a modo de venganza y todo eso). Un día podíamos hacer listados de autores al respecto.

Luego viene el resto de escritores: los mierdecillas. Estos últimos suelen deslumbrar en talleres de escritura creativa y así, adonde acuden frikis intelectualmente mediocres temerosos de disfrutar la soledad de la creación o la del disfrute vital (follan poco o mal) o modernillas vestidas a lo Lina Morgan que conocen el último grito de la literatura psiquiátrica-industrial finlandesa (follan mal o poco). Gente desleída, del verbo desleír. También tíos que se creen interesantes por hacer un pelmazo pero simploide análisis de algo absolutamente carente de interés o por utilizar algún mero "chascarrillo intelectual" para ser estupendos. Disfrazan sus carencias hablándote de documentales facilones de moda o teorías que sólo ellos ven tras argumentaciones tan rocambolescas como absurdas. Cuando acaban, te miran en silencio para saber qué opinas. Y suele ser un silencio incómodo. A veces no sé qué decir. ¿Se hacen los gilipollas? ¿Lo son de veras? En ocasiones pienso que son más listos que la hostia y que deben partirse el culo después porque si no es incomprensible tal grado de estulticia. No sé, no lo creo. En fin. No han leído a Montaigne; Miller es tan obsceno; ¿Roberto Arlt?... Un artificio estilístico poco inteligente parece pesar más que el sublime, absoluto, grandioso, delicioso, esencial y extraordinario gozo de estar vivo real y literariamente, con sus peligros anejos también. Creo que estos ni siquiera follan. El tener un joder alegre es importante en estos tiempos, sirve para diferenciar a las personas. Al grano, que me pierdo... Uno no puede hablar de tantas cosas a la vez. Pero... es que... el tema de la jodienda.... ¡Hasta aquí, he dicho!


Muerte a los modernillos.


Entre los primeros escritores, sin duda, se encuentra Camus. Y tiene que ser un artículo periodístico suyo descubierto ahora y escrito cuando tenía  26 años lo que nos diga más acerca del tiempo en el que vivimos que todos los libros de los gafapastas de turno. Un llamamiento a la acción superior a todos los libros de los indignados -yo escribí sobre ¡Indignaos! antes de que lo leyerais todos como si fuera la Biblia- . Yo lo habría titulado "Indignaos, sí... pero ¿por qué no antes?". Antes me llegaba para una playstation y no estaba indignado. Ahora estamos muy, pero que muy cabreados...


El artículo lo ha sacado a la luz Le Monde y fue escrito (y censurado) en 1939, una época de plena desintegración social en Europa por la presencia de la amenaza alemana ¿Os suena? Han vueeeeltoooo (y ya van tres). Je je. Camus era redactor jefe por aquel entonces de una gacetilla -digna de todo respeto, cuidao- de una sólo hoja impresa por las dos caras en Argelia. ¿Un blog de su época? ¿Periodismo de guerrilla? ¿Un imprescindible genio tocapelotas con pocos medios? Habla sobre el ejercicio del periodismo en tiempo de guerra pero su lenguaje es tan universal y actual que parece que se está dirigiendo a todos los que estamos viviendo estos tiempos tan convulsos para muchas personas en tantos aspectos. Una isla de solidez en un océano de estupidez. La preservación de la libertad individual ante la invasión del desánimo.



Traduzco algún retazo a mi manera....


"...Un buen precepto de una filosofía digna de ese nombre es no detenerse en lamentaciones inútiles sobre algo que no puede evitarse...Ya no es una cuestión de la colectividad, es un tema que concierne al individuo...Contra la marea creciente de imbecilidad, hace falta oponer algún rechazo. Todas las contrariedades del mundo no pueden hacer que un espíritu decente acepte ser deshonesto".


En definitiva, como el propio Camus escribe en este breve artículo, son cuatro las armas que (el periodista/ciudadano) debe poner en marcha de forma individual en tiempos difíciles: 

inteligencia, 
desobediencia, 
ironía 
y obstinación.

Cuatro maneras parar empezar a cambiar, si no el mundo, sí a nosotros mismos. Que no es poco.











                                               La noticia en castellano  (El País).-


Con cresta te atienden antes en el Corte Inglés.



Con cresta, más que nada por tocar los cojones a los biempensantes.
     
El arte es peligroso, el arte no es casto. 
No están hechos para el arte los inocentes ignorantes. 
El arte que es casto no es arte.

Pablo Picasso.-


Algunos se ponen pulseritas de colores en solidaridad con las focas de Alaska; otros se dejan cresta en solidaridad con los punk-rockers, en concreto con los de Indonesia (siga leyendo). Qué pasa. Algunos van a lo del 15M con unas pancartas más propias de terapia de grupo; otros pasan la noche en algún oscuro antro. Y qué. En algún post anterior he dicho que el rocanrol ha hecho por la liberación mental, personal y vital de los hombres más que cualquier doctrina social o sistema político en el siglo XX. Cuestión de actitud, de libertad personal. El Arte en general, la música en particular. Y hay una vasta tradición. No importa si es el blues de las plantaciones de algodón, el tango sórdido y portuario, el jazz de los barrios negros de Nueva Orleans, el cante gitano en una taberna de la Línea de la Concepción, el swing en pequeños clubs de la Alemania nazi o el punk rock en el Londres del 77; vaqueros, camisetas y mala hostia. Sin aderezos. Contra la pusilanimidad. Tipos inquietantes para los pijolabas y modernukis, para los hippies y los burgueses. Bueno, al final es como echar unas risas mientras te meas en todo un poco. Lees a Kant y oyes a los Clash, no son incompatibles.  Si no hay futuro, no puede haber pecado, decían los Sex Pistols. Una afirmación más esclarecedora que la toda la Summa Theologiae  de Santo Tomás. Los biempensantes, los estrechos, los reaccionarios, los hipócritas, los poderosos, los conservadores siempre temen la música popular. Los hijos de puta, en tres palabras. Lo bueno es que son fáciles de escandalizar. Mira qué pintas. Con cresta te atienden antes en el Corte Inglés, haced la prueba. Un sencillísimo cambio en tu pelamen condiciona la forma de interrelacionarte, qué bien hablo. Imagina lo que será pensar por tu cuenta. Temen los géneros artísticos nacidos en tiempos convulsos cuando el  hombre necesita agarrarse a un puñado de verdades, generalmente para ayudarse en su frustración y buscar una puta rendija para sus sueños. Cuando el arte no depende de las subvenciones, claro. Quizás el único arte genuino. Pero el pensamiento crítico es una constante amenaza. Los carnavales estaban proscritos por la Iglesia Católica hasta hace nada. Hay un Índice de Libros Prohibidos desde el siglo XVI ( Véase Index librorum prohibitorum et expurgatorum). Cualquier expresión artística ha sido mirada con sospecha por el poder porque puede hacer pensar a la gente. Conviene controlar lo que la gente oye, lee y piensa. O cómo y a quién se folla. Los tríos son una perversión. "A Lorca lo matamos por maricón". Algún teólogo decía que el rock era malvado porque su ritmo imitaba la cadencia del coito. Amén.

Policías de paisano rapan a los punk rockers.-







Una encantadora agente de la ley,
 corta el pelo a una chica.
Las autoridades indonesias persiguen el punk rock. La policía de la comarca de Aceh (está implantada la ley islámica) detiene a los asistentes a un concierto, les corta el pelo (lo hacían también los franquistas), los desnudan, los encierran durante diez días en un campamento y allí los "reeducan". Los someten a lo que las autoridades tiránicas islámicas califican como "limpieza espiritual". Los reeducan para que las mujeres rockeras lleven velo y no pantalones apretados. Los reeducan para que abracen un fascismo religioso y no la libertad de pensamiento. Para que no tengan capacidad crítica y anulen sus anhelos expresivos y creativos. Los temen, luego, los persiguen. Temen que tengan valores propios y no sigan a la masa estúpida. Y recuerda que aquí que el 15M ya está amortizado con una bonita mayoría absoluta. 

 
Rapados y encerrados.
La próxima vez que escuches tu canción favorita , piensa en todo esto. Que no sean los 40 principales.




Here comes the riot squad/they're closing in/guns and riot shields/and gas grenades
They see us standing there/all in a line...
Aquí viene la brigada antidisturbios/van a cargar/armas y escudos/granadas de gas
Nos verán aguantando delante/todos a una...

UK Subs, "Riot".-

En medio de la tarde de primavera más hermosa, alguien me dice...















"Demasiados caramelos,
demasiada gente en el lugar,
cosas rotas por el suelo,
demasiada mierda que tragar.
Ya no quiero a nadie aquí, desapareced.
Hoy me voy a caminar, hoy me encuentro bien..."

Coque Malla, "Hasta el final".- 



Para J.P.L (1973/2012).

Ayer vi una foto nuestra. Qué putada. Ojalá no la hubiera visto. Casi niños. Decidiendo en el salón de tu casa las canciones que escucharíamos en un walkman. Tu música era demasiado suave para mí. A mí me molaban los Rolling, ya sabes. Todavía hoy me gustan. Aunque he sido fiel a pocas cosas. La Vida te va manchando poco a poco pero qué te voy a contar a ti... No siempre he estado orgulloso de lo que he hecho; no quiero engañarte. También yo sé de algún amanecer gris, de entrañas abiertas y soledad, eterno, de esos que te hacen saber apreciar la sencilla belleza de los días de sol. También he tenido días de caricias y cerezas. Como todos. Vuelvo a ver la foto. Recuerdo hasta tu forma de hablar. Hace más de dos décadas, qué viejo soy, qué joven serás siempre. Vemos juntos los fuegos artificiales en la terraza y un paseo, muy corto, hacia la medianoche por las calles de alrededor. Gustabas a las chicas. Tenías algo especial y ellas lo intuían. Besamos a nuestras chicas casi a la vez, en la Taconera ¿te acuerdas? La tuya era más guapa, cabrón. ¿Qué habrá sido de ellas? Idoia y Ana. Luego, la Vida nos distanció. Pero nunca dejaste de ser amable conmigo cuando coincidíamos por ahí; eras mejor que yo. Te veía en los bares, claro. Los mismos ojos de pícaro bondadoso, siempre con una chica distinta.  Hablábamos de cosas absurdas: tus auditorías surrealistas en Ernst&Young, marcas de trajes, cash-flow, las mejores líneas aéreas. Después hablábamos de lo importante: marcas de bourbon y mujeres a las que habíamos dejado de amar. Era nuestro ritual de tiempo en tiempo. Ya éramos unos descreídos entonces. Pero nos pagaban bien y nos reíamos del mundo. Yo intuía que había demasiados demonios en tu vida, ya desde niño. Quizás caricias ausentes a pesar del club de golf y de los buenos coches de tu padre. Quizás fuera eso. Tu Baqueira Beret, tus baños de bar, hoteles de lujo, un par de gramos para seguir siendo brillante. Buenas formas por el día, la noche te enseñaba la otra mitad del mundo, la más excitante, la peligrosa, la que no hace amigos. La que no toma prisioneros.  Y cada vez más fuegos de artificio para buscar más paz. Magia falsa. A veces hay demasiada luz en la oscuridad, ¿verdad? Luego alguien me da la noticia en medio de la tarde más bonita de toda la maldita primavera.  Pastillas para no sentir y volar libre. Ser siempre como un niño. Has querido descansar. Descansa. Sabes que te quiero.



Tienes un email.




HORRELAKOA DA BIZITZA,
EGIN EZAZU BEHAR DUZUNA/
ASÍ ES LA VIDA,
HAZ LO QUE DEBAS.

NEGU GORRIAK, "RADIO RAHIM".-

Me envías un ocurrente email hablando de lo de siempre. Bueno, el email no es ocurrente, es bastante mediocre. Es una mierda, la verdad. Lo de siempre, ya digo. Una basurilla de las miles que circulan por la red. Pero tú eres muy original. Claro. Lo has colgado en Facebook también. Enhorabuena, ya eres un revolucionario. Eres el nuevo Che de las redes sociales. No sé qué podríamos hacer sin ti, Bakunin virtual. Tu mensaje habla de la crisis, cómo no, de la fe en el futuro, de los políticos, de los putos recortes, de lo malos que son los malos y de lo buenos que son los buenos. Desde luego tú perteneces a los últimos, a pesar de lo que tú y yo sabemos. Por supuesto. El auténtico correo basura, tu dosis diaria de Valium digital. Una conciencia fácil de calmar. Me envías el resumen de un maravilloso libro para menopáusicas desesperadas; las únicas que leen en este país, por cierto. O me envías alguna conmovedora historia de un individuo operado en California que nació con una oreja en el culo. Me pregunto cómo fue la intervención, no vaya a ser que el maromo acabara con un culo en la oreja. Qué putada, toda la vida oyendo sus ventosidades en Dolbisurráun.  Lo mismo se quita la cera que se limpia el culo o si un día se pone una lavativa, se le inunda el cerebelo, yo que sé. Me estoy liando yo solo. En fin, que te juro que no me quiero reír. También sueles enviarme esas frases tan inteligentes, tan bonitas, tan comprometidas enmarcadas en una foto de un paisaje, primaveral preferentemente. ¿Un bucólico lago suizo?. Frases tan bellas como inútiles. O también algo así como: envíe este email y salvará a una foca monje. Yo me cago en las focas monje ¿sabes? y tú vas al Kentucky Fried Chicken a jamarte un pollito torturado, no me jodas. Que la CIA echa flúor en el agua para atontarnos; ¿más aún?. Vale. Que estás pensando en montarte un blog para denunciar no se qué. Ya.
Ya me sé todas las historias. Todas. Remita este correo a diez personas y sus sueños se harán realidad. Supongo que si lo hago a cien, tendré más posibilidades. Mira, quiero que sepas que estoy llorando a lágrima viva. Estoy tan concienciado socialmente por el contenido de tu email de turno que voy a hacer algo, me voy a quemar a lo bonzo mientras canto Libertad, Libertad... Seré un héroe para mis vecinos. ¡Coño! ¿Qué es eso? Ahora veo que tu power point tiene una musiquilla tan enternecedora que no sé qué hago aquí sentado. Debería salir a la calle y hacer algo. Algo, lo que sea. Algo. Pero de pronto se termina la presentación que me has enviado y vuelve el silencio. Y me quedo como más tranquilo, me relajo un poco pensando en lo afortunado que soy. Que la cosa está mal para muchos, desde luego. Y me doy cuenta de que no hago nada. Sigo mirando la pantalla, navego por la prensa digital, reviso mi correo de nuevo. Hasta entro en un par de páginas de mujeres de esas... ya sabes. Pero estoy tan conmocionado después leer tu email que hasta me levanto sin meneármela aún -eso sí, con una erección de caballo-, voy a la nevera y me cojo una cerveza. Por supuesto, hay que hacer algo. Esto no puede seguir así. Hay que moverse, pienso mientras doy el primer sorbo. Malditos neoliberales. Malditos mataballenas. Jodidos ingenieros técnicos agrícolas; por los transgénicos, digo. Y ahí estoy, con la cosa ya morcillona, bebiendo cerveza en mi salón, pero, concienciado, ojo. Qué asco de mundo para nuestros hijos, ¿verdad?. Ahora que lo pienso yo no tengo hijos. Me asomo a la ventana, pasa un taxi. Cuando acabo la cerveza, eructo (estoy solo en casa) y decido dar un paso revolucionario, hacer el gesto definitivo, pasar a la acción, convertirme en uno de los tuyos: enviaré  tu correo a todas las direcciones de mi hotmail mientras me rasco, literalmente, los cojones/testículos (ya he dicho que no estoy acompañado y no debo disimular si me pica el huevo izquierdo). No pretendo ser grosero. Bueno, que ya he reenviado tu mensaje, que habia que hacer algo, mira, no podía estarme quieto después de tu email. Ya me siento mejor. Intentaré aguantar hasta tu siguiente mensaje para reproducirlo hasta la saciedad a todos mis conocidos. Ya soy un activista. Y me siento estupendamente. Como tú, qué hostias...


No volváis a enviarme nada. 
Quemad un banco. Matad a un hombre que merezca morir. 
Y guardad silencio.





La ebriedad de la sorpresa.

Pleased to meet you,
hope you guess my name.
... and all the sinners, saints./
Encantado de conocerte,
espero que adivines mi nombre.
... y todos los pecadores, son santos.
The Rolling Stones, "Sympathy for the devil".-

Taberna de puerto en el sur. Viernes Santo 2012.                                            El Cielo y el Agua.


En la tarde que matan a Cristo,
 la ebriedad que da la sorpresa.
Has visto las señales del cielo.
Un vaso de agua
 y botas viejas de cuero inglés. 
El ángel del deseo susurra al oído 
( Malaje / mal ángel ).
Pelo duro de animal enloquecido.
 El placer efímero de la piel.


Porque el pecado es antiguo como el hombre.




                                                             Las botas.

                                                             El Pecado.


Salvador



Al vagabundo que un día eligió a su sombra por único destino...
A quien me dio a beber su mismo trago,
ese licor tan sagrado, cargado y oscuro,
tan necesario como sangre de Cristo...
Sólo quiero aprender de ti algo que pronto se pueda olvidar.


Radio Futura.-  


Salvador es feo. Es muy feo. No quiero ser un pelma pero es que es feo de cojones, en serio.Tiene un trabajo vulgar, cuando trabaja, en un sitio vulgar. Viste ropa, pues eso, de Armani... no te jode. Tiene unos sesenta malcontaos y un ojo que no es un ojo sino una especie de masa transparente que se mueve a su ritmo, livin' la vida loca. Como clara de huevo gris  enloquecida. Te hipnotiza el muy cabrón y no sabes a qué ojo mirarle, así que si te sorprendes mirándole al ojo chungo, sigues hablándole como si nada, esperando que no distinga a qué ojo le miras. Pero el muy cabrón se da cuenta, sé que se da cuenta aunque no se inmuta. Como un acuerdo tácito que hubiera hecho con el resto de los humanos. Sé que te acojona mi ojo, pero lo dejaré pasar, pringao. Salvador tiene el culo pelado de todo, así, en general. Y un tatuaje que no era verdinegro cuando se lo hizo. En Melilla. Una calavera. En el antebrazo. Yo le enseño el mío de los Rolling, pero tuerce el gesto. No lo dice abiertamente, pero seguro que piensa que es una mariconada. Solemos hablar del tiempo mayormente. Es que estos días hace un frío del copón. ¡Ya te digo!, me suele contestar. A veces pasa una tía buena (ya sé que podía haber dicho "una mujer hermosa") a nuestro lado. "Eso es andar, reina, y lo demás, joder el suelo". Salvador emite entonces un chasquido raro con la lengua y deja asomar unos piños torcidos en su mayoría pero descabalgados todos de la encía. Ya era difícil parecer más feo, pero cuando asoma esa piñata... Si la chavala viera la cara de guarro que pone cuando le mira el culo, le darían escalofríos. Hasta a mí me pone algo nerviosillo, la verdad. Me suele dar un codazo cuando eso y se descojona emitiendo un sonido como de cafetera rota. Sonrisa de niño viejo maltratado por la vida. Porque seguro que alguna vez fue un niño con sabañones en las orejas de puro frío en una escuela sin luz. Carpetovetónico nada más caer al mundo. Pero Salvador es un buen tipo, ahora es incapaz de matar una mosca. De momento, claro. Estas cosas nunca se saben. Estuvo de vacaciones pagadas una temporadita en el Puerto de Santa María por algo que no hizo, por supuesto. Que la gente es muy mala, me suele decir. Hay una cosa que me gusta mucho de Salvador y es que, en general, calla más cosas de las que cuenta. Una virtud apreciable que no todo el mundo tiene. En ocasiones, raras, te cuenta alguna historia de anís y celos y se pone un poco triste. A Salvador también le gustan Johnny Cash y las rancheras. Es normal que le gusten Johnny Cash y las rancheras. Con dinero o sin dinero, sigue siendo el rey. El puto amo que se dice ahora. También le gusta el güisqui. A media tarde, solysombras sin hielo, que le hace mal; el hielo digo. El fútbol no lo sigue tanto, tiene cierto gusto. Un día, completamente borracho, me ganó a los dardos con tres dianas seguidas. Como el que no quiere la cosa. Qué cabrón. Le gusta charlar conmigo y a mí me gusta charlar con él. No mucha gente se para a conversar con Salvador. Yo siempre aprendo algo de él. Casi más que de cualquier otro tipo, que no suelen ser más que seres que, a diferencia de Salvador y como decía Rimbaud, nacen y mueren al ritmo de las estaciones. Tipos que ni fu ni fa. Me quedo con Salvador.

Cajas.



... in a photograph of time...
... en una fotografía del tiempo...
Antony & the Johnsons.- "Fistful of love"





Fotomatón, Madrid 2003.-
Hay cajas. En el armario, arriba, al fondo. No las sueles mirar porque estás ocupado en respirar, en comprar naranjas, en bailar. Pero existen esas cajas. Están cerca pero... tan lejos. Casi no las ves ya. En ocasiones abres un armario buscando algo y las notas. Allí... calladas, como colgadas, tímidas y con un poquito de polvo. Cajas de cartón que nunca abres. Si acaso, cuando consolidas una nueva etapa de tu Vida y sólo entonces tienes el valor de abrirlas.  Puede ocurrir cada cinco o seis años, puede no ocurrir en mucho, mucho tiempo. Pero están ahí, y el día menos pensado las abres y miras en el interior. No buscas nada concreto pero te encuentras a ti mismo. Tu vida cabe en una caja. Si necesitas más, has vivido demasiado poco. A veces cabe en un cuaderno. Dentro de las cajas hay fotografías, diarios que escribiste, postales que nunca mandaste, cartas que te escribieron. Tienes que hacer un esfuerzo para entender que tuviste otra vida, amaste a otras mujeres, viviste en otras ciudades, tuviste otras ocupaciones y algunas preocupaciones que hoy parecen tan vanas... También puedes apreciar que fuiste más joven. Las fotografías nunca mienten. ¿Qué ha sido de los chicos con quienes bebías en esa foto? Si abres las cajas más antiguas, verás que un día llegaste a ser un niño. Ahí no tendrías más de seis años, ¿lo ves? Eres tú. Luego ves la insignia de oro y diamantes que lograste cuando eras un esclavo en una jaula también de oro, tres décadas después. Guárdala siempre para saber lo que no quieres en tu vida. Has tardado pero al fin te das cuenta de que no es importante saber lo que quieres, sino lo que no quieres. Tarjetas de cliente de todas las compañías de vuelo posibles. Caducadas, gracias a Dios. Luego, ves un post-it casi sin tinta que te rompe en pedacitos. Un sencillo post-it descolorido con unas palabras escritas deprisa y que tuviste la lucidez de guardar sin saber por qué. Aquella entrada de la Staatsoper de Viena. Te encuentras una lista de personas a las que nunca volverás a ver. Un plano hecho pedazos de una ciudad que amaste. Servilletas de papel que valen más que un manuscrito medieval. El primer móvil que tuviste y que tanta pena te daba tirar, dorsales de carreras que corriste. Certificados de títulos. Qué ridículos ahora que cumplieron su misión. Artículos que escribías en suplementos de periódicos cuando aún tenías casi acné. Aún sientes algo raro cuando ves tu nombre en letras de imprenta en papeles ya amarillos: "Los cafés literarios de París", se titulaba uno.  Ese imán ¿no estaba en otro frigorífico en otra casa en otra ciudad en otra vida? En el fondo de la caja aparece el poema recortado que tanto te gustaba. ¿Ya no lo recordabas? Todavía ha logrado emocionarte hoy mismo. Y una vez hiciste un viaje de estudios. Autógrafos de los Rolling. Mira esa polaroid, también llevaste la perilla teñida de naranja; ya venías raro. Hojas con frases que colgabas por las habitaciones y que despegabas de las paredes suavemente antes de las mudanzas. Esas frases te han hecho lo que eres. "Donde hay un deseo, hay un camino". Monigotes que no tirarías por nada del mundo. La fotografía de Keith Richards tan gastada. Posavasos con garabatos que tuviste, de nuevo, la lucidez de guardar, tan liviano en tu mano pero tan valioso como un lingote de oro. Un billete del tranvía de Lisboa. Fotos de fotomotón. Trocitos de papel que cada ciertos años debes leer para saber que lo que fuiste te ha hecho como eres ahora. Fuiste todo eso que hay en una caja de cartón. Lo fuiste y lo sigues siendo.


Si eres joven y rebelde, Coca-cola te comprende.




"Nuestras grandes desilusiones y frustraciones son mucho más afectivas que políticas".
Gilles Lipovetsky, "La sociedad de la decepción". 


"La miseria feroz ha tomado las calles,
la avaricia se folla a la libertad...
¿Qué podemos hacer?...
Os jodéis y os calláis...
No sé de qué os quejáis...
¿Qué cojones queréis?".
La Polla Records, "Así es la Vida".

Quizás la crisis económica no sea más que un síntoma que descubre la auténtica enfermedad. O quizás los buenos tiempos ponían un velo entre nosotros y la realidad. Quizás ya estábamos bien jodidos cuando las vacas gordas. Teníamos anuncios para almorranas en la tele, sufríamos en silencio. Quizás se vean nuestras miserias cuando vienen las vacas flacas, aun cuando esas miserias siempre estaban ahí. ¿Habrá hecho falta la penuria material, la angustia por el futuro, para que alguien gritara a pleno pulmón que el emperador iba desnudo? Además el emperador la tiene pequeña. Porque antes no había 15-M, ni indignación ni protestas. Era cuando no escatimábamos en Digital Plus ni en las vacaciones en Punta Cana. Llevábamos pulseritas todo-incluido allí. Recuerdo haberte visto poniéndote hasta el culo de mojitos. Las quejas vienen ahora, cuando nos tocan a nosotros los cojones. A nosotros, ni más ni menos, los chicos listos, los tipos felices y autosuficientes. ¿Sabe usted con quién está hablando? Sonreíamos al vecino por encima del hombro, ahora sospechamos de él.  Puede que nos quite el puesto, el muy cabrón. Además, es del Madrid. ¿Era todo tan perfecto antes? Antes, las penas con Visa eran menos penas. Y había muchas penas.





 Editorial Anagrama, 2008.-
Antes de antes, teníamos la religión para consolarnos. Eso era para débiles. Después tuvimos el consumo. Catálogos a todo color. Todos podíamos tener todo, aquí y ahora. Pero como éramos iguales y todos podíamos aspirar a lo mismo, seguíamos insatisfechos al compararnos con los demás, incluso estábamos más descontentos que antes cuando teníamos menos marcas de papel de culo para elegir ( esta es mi versión de la paradoja de Tocqueville, "De la democracia en América", 1830. La miras en la Wikipedia). Pero el consumismo no nos ha llenado. Queríamos ahorrarnos la responsabilidad de pensar. Hilo musical intravenoso. Música de mierda para el gran consumo idiota. Ocurre algo similar con las relaciones personales. Ahora nos unimos a una pareja libremente (al menos más libremente que en mitad del siglo XX, cuando los curas y eso). Pero nos separamos más o mantenemos relaciones tan hipócritas en muchos casos como las de antes (por los hijos, el qué dirán, el a dónde voy a ir, bla, bla, bla...). El encandilamiento pasa rápido pero mantenemos la mentira. Es cómoda. El Amor se va pero él/ella se queda. Pero si dependemos de otro, nuestra felicidad es sumamente frágil. Convertimos el amor en una pesadilla. Nos emociona una pareja de abuelitos de ochenta años, porque no es lo ordinario. Y si tampoco creemos en la política como creyeron nuestros padres, pues nos queda poco que hacer. Queremos más servicios sociales y gasto público pero no nos gusta meternos en política. La cosa está muy malita y leemos la sección de deportes con avidez. De política no entiendo, "yo soy apolítico, de derechas de toda la vida", decía Saza en la Escopeta Nacional de Berlanga. Peor aún que no creer en política... votamos mayoritariamente a los neoliberales-PPSOE. Nos mean encima y decimos que está lloviendo.


Así es la vida. Me bajo al bar. 




Otro libro comentado del mismo autor.
Sencillamente extraordinario para entender estos tiempos
 y elegir tu posición en ellos.

Princesa con corazón roto y bragas húmedas a las 3:17 am.




Cuerpos que buscan un alma que echarse a la boca. Caricias a cara o cruz antes de que quiten la música. Chicos demasiado duros, chicas demasiado listas. Simples máscaras. Suena esa canción y el tiempo se para: son las 3:17 am. y te veo moverte bajo la luz artificial. Aquel chico te mordió el corazón y tus bragas se empaparon. Ahora lo buscas en otros chicos cada noche. Nunca lo encontrarás. Te paseas por las barras de los bares como una gata en celo de tatuajes y ron con cocacola. Conoces a todos, saludas a todos y todos quieren follar tu corazón roto. No saben que el juego interesante es follar tu mente con susurros cuando la primera línea  de luz naranja rompe el negro de la noche. Imbéciles que compran rosas tristes; la peor combinación. Te veo sonreir, algún pobre diablo va a bajar la guardia. Podrías destrozarlo con el filo de tu risa. Hasta con esa piel ya no tan tersa en tu rostro eres una mujer atractiva. Sombra de ojo azul eléctrico, boca pintada; empiezas a entender que el tiempo no espera a nadie. Tampoco a las chicas guapas. Podrías dormir con cualquiera hoy. Pero a él... a él no lo encontrarás más. 


                                            

Caballos salvajes.




Veo con mis propios ojos y en vivo lo que el hombre del Paleolítico pintaba asombrado en cuevas no muy lejanas. Caballos de raza pottoka. Hace 40.000 años ya poblaban los montes de alrededor. Antes de que llegaran los ordenadores, las autopistas y los móviles. Libres y orgullosos. Pintados en paredes oscuras y húmedas, quizás admirados por su independencia y vigor. Al principio los cazábamos por su carne pero después aprendimos  a utilizarlos en labores agrícolas  y, más tarde, como tiradores de vagonetas de mineral. 




Siempre mantuvieron su fortaleza y carácter. Ahora, el desarrollo de los medios técnicos los ha colocado cerca de la extinción, viviendo en semilibertad en cumbres elevadas. Nos olvidamos de ellos como de una raza vieja, prescindible e inútil. Los consideramos menos valiosos que la TV de plasma o el motor de explosión. Quizás el hombre del Paleolítico tuviera una sensibilidad natural, especial, extraña por todo cuanto le rodeaba. Ellos intuían el Misterio mejor que nosotros. Primum vivere deinde philosophari. A lo mejor esa sensibilidad la mantienen los niños durante sus primeros años. Una sensibilidad tan sencilla como sagrada que nosotros hemos perdido en algún punto del camino entre las prisas y el Valium. Ahora compramos libros de autoayuda.


Pero estoy convencido de que los pottoka sobrevivirán al hombre: son ellos los que no nos necesitan... Caballos salvajes. 


                                                                                 Pottokas en la  cueva de Ekain, Basque Country.-



Pottokas en el collado de la derecha.



Eres un tipo especial.

Take my baby to sophistication
She's seen the ads, she thinks it's nice.../
Daré algo de sofisticación a mi chica
Ha visto los anuncios y cree que está muy bien.
The Clash, "The magnificent seven".-


Lo sentimos. El estilo de vida que había pedido no se encuentra disponible.

Tienda Nespresso. Perdón, boutique. Una música cautivadora llega a tus oídos: acid jazz, la música de los tipos a la última. Así, bajita, como quien no quiere la cosa, se va filtrando en tu mente y te hace sentirte especial. Soy un tipo especial, te dices. Luego, te giras y ves la cara de tu mujer. Un rostro pánfilo, bobalicón, como de no enterarse mucho de nada. Pero no importa porque estás en una tienda Nespresso. Esa iluminación sofisticada, la tarima lujosa donde apoyas los pies. El aroma de la tienda que sólo tu inconsciente capta pero tu cerebro retiene. Esperas en la cola pacientemente con la cara que supones que debe poner un  tipo selecto en un sitio selecto. No es un comercio que persiga tu dinero, no es neuromarketing,  es tu nuevo status personal. Ojalá pasara tu vecino, el del coche grande y la rubia con el cuerpo sin agallinarse aún, y te viera a través del escaparate. ¿Sabes, amor?... El vecino es cliente de Nespresso. Te gusta la idea. Llega vuestro turno y te atiende una dependienta preciosa, maquillada perfectamente. Piensas que te gustaría acariciarle los pechos a través de la blusa del uniforme pero la voz de tu esposa suena como desde otro mundo: "queríamos aquella de allí, la de 179.90 €, ¿verdad, cari?".  Dice el importe exacto y dice esa palabra justamente: cari. Odias esa palabra. Asientes resignado. Piensas que tu mujer nunca ha dejado de ser una niña realmente. Tras unas breves explicaciones de Andrea, como indica la chapa identificativa, firmas un contrato para convertirte en cliente Nespresso. Te dan un número de socio, te dan un folleto. ¿Te has fijado en la calidad del papel? No te mereces menos. Andrea. Qué dulce. Das tu número de tarjeta para que te envíen por internet los repuestos (de hecho, la marca no quiere que vuelvas por allí nunca más). Ya eres del club Nespresso. Eres un elegido para el club Nespresso. Pero detecto un último grito de desesperación en tus ojos después de firmar: en realidad sabes que la tienda es de cartón piedra, que las lámparas que la iluminan son fuegos de artificio, que todo es un decorado, una trampa para ratoncillos con ambiciones. Es una ficción que se desvanecerá en unos minutos. Las dependientas que te sonríen, no te mirarían ni un segundo por la calle. La única certeza allí es el rictus lerdo de tu mujer. Esa será la única realidad que te quedará cuando salgas a la calle en unos instantes. Una mujer a quien ya no amas, los cargos en tu cuenta y el resto de una vida que eres incapaz de cambiar. Andrea, qué bien olía. No importa que los sueños que tuviste se hayan jodido hace mucho tiempo, no importa que nada funcione. Podrás saborear los aromas más refinados de café del mundo. Podrás enseñar tu cafetera a las visitas. La de George Clooney, sí.  Afuera, en unos minutos,  el viento helador de febrero te azotará el rostro y todo será igual.